Una cubana peregrina y universal

Liliana Bellone

Martes 29 de abril de 2014  

Gertrudis Gómez de Avellaneda, la “cubana universal” al decir de Dulce María Loynaz, nació en Camagüey (Cuba) el 23 de marzo de 1814. Al cumplirse, este año, el bicentenario de su natalicio, se realizaron en toda Cuba actos en su honor. Se reeditaron novelas, poemas, cartas y autobiografías, se imprimieron sellos postales alusivos, se inauguraron monumentos y se realizaron mesas redondas, debates, paneles, publicaciones, etc. como parte de los homenajes.

Bicentenario del Natalicio de
Gertrudis Gómez de Avellaneda

Luego de una existencia azarosa, marcada por el desarraigo ya que muy joven debió dejar su patria para instalarse en España junto a sus padres y de una vida sentimental desdichada, con amores contrariados y matrimonios fracasados o truncos, Gertrudis plasmará en la literatura en lengua española la impronta de un precoz feminismo. Su escritura asumirá la voz de los excluidos: mujeres, indios y negros. De este modo, la Cuba colonial, regida por la economía azucarera y el esclavismo y el lugar de las mujeres, encorsetadas en su rol hogareño de madres, esposas, hijas y hermanas sujetas a los designios masculinos, aparecen en sus novelas con fuerza inusitada y cuestionadora. Gertrudis denuncia desde el registro romántico la explotación, la discriminación racial y la violencia de género.

Tanta fuerza y vigor asombra, en Europa y América, a los escritores de su época. Algunos no vacilan en considerarla lejos de lo que puede entenderse por “poetisa” pues no muestra en sus composiciones la ternura, dulzura, suave resignación y hasta recato de la mujer concebida en términos neoplatónicos; sino que se manifiesta de un modo altivo y guerrero, demasiado “varonil” dicen algunos, por lo que prefieren llamarla “la poeta”.

Fue excluida en varias ocasiones de las colecciones poéticas femeninas continentales y españolas precisamente porque su posición no coincidía con el modelo de “las poetisas” tradicionales. Sin embargo, la fuerza de la Avellaneda surge de su gran feminidad, pues era “mucha mujer”, “muy mujer”, dice Marcelino Menéndez y Pelayo cuando reconoce que la lírica en español perdería mucho sin la expresión fuerte y robusta de Gertrudis.

Si bien es cierto que escribió toda su obra en España y que se destacó en ese país donde fue elevada al sitial de las grandes, junto a Rosalía de Castro y Carolina Coronado, y en donde intelectuales como el mencionado Menéndez y Pelayo captaron su apasionamiento y la elogiaron, el fantasma de su escritura camina por Cuba, por los cañaverales y los ingenios, escucha el canto de los esclavos y ve los atardeceres junto a un mar increíblemente malva y rosado. Ella misma se define como La Peregrina, y es cierto, un periplo vital la lleva por la Europa del romanticismo donde se modulan las voces de Chateaubriand y Hugo, de Lamartine y de los españoles como Espronceda, Zorrilla, el Duque de Rivas, García Gutiérrez y Bécquer.

La Avellaneda formará parte de la intelectualidad y la élite de los salones de París y de Madrid. Exquisita mujer y exquisita poeta. Sin embargo, la poca comprensión de sus contemporáneos, especialmente a causa de su condición de mujer, arrojó sobre ella dardos incisivos, se la menospreció por “versificadora” y altiva y no se le permitió ingresar en la Real Academia de la Lengua, por provenir de una colonia. Se la acusó, en su patria, inclusive en plena coronación de los laureles poéticos, como a una escritora con falta de compromiso pues siempre permaneció en la Metrópoli. Hoy descansa en Sevilla y es revalorada por las nuevas corrientes de la crítica, por los estudios sociales, históricos y de género. Gertrudis Gómez de Avellandeda es una escritora actual.

  • Liliana Bellone, escritora
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