CALDERON

Una batuta con convicción

Pablo Alejandro Sulic

Sábado 29 de septiembre de 2012  

Fue todo un placer disfrutar en Salta de la presencia de dos personalidades de la cultura musical como Calderón y su esposa la violinista Seibert, aunque la concurrencia no fue acorde a estas ilustres presencias. La Obertura Coriolano no es una pieza programática. Más bien pincela o retrata la personalidad de su protagonista, la osadía, el individualismo, el orgullo y la temeridad, la soledad del individuo, también la angustia.

Concierto de la Orquesta Sinfónica de Salta. Director invitado Pedro Ignacio Calderón. Solista en violón Haydée Seibert. Repertorio: “Obertura Coriolano” de L. V. Beethoven, “Concierto para violín y orquesta Nº 5” de W. A. Mozart y “Sinfonía Nº 7” de A. Dvorak. Jueves 27 de setiembre Teatro Provincial.

La obra sonó dramática por la profundidad de los graves y con cierto dramatismo. Su lectura de la noble Séptima Sinfonía de Dvorack fué agradable y fiel a las intenciones del compositor, irradio frescura y fluidez seductora. Podremos aducir que faltaron ensayos, es cierto, que son programas muy exigentes para prepararlos de una semana para otra, que los músicos están agobiados por los ensayos, pero por otro lado esto se pudo suplir por el profundo conocimiento del funcionamiento interno de la sinfonía, de la partitura y del compositor del maestro Calderón.

El movimiento lento mostró concentración y nobleza de tono, con los solistas siempre correctos (Morán en fagot, Albano en trompeta, Tiburcio en clarinete, Lopez Alonso en Oboe y Ulloque en Flauta). La versión despertó la imaginación de la naturaleza bohemia, de las tonadas folcolricas, con una simplicidad fresca.

El concierto de Bach en La menor (BWV 1041) y el de Mozart "Turco" (K. 219) - pueden considerarse canónicos, siempre presentes en concursos de orquesta y audiciones. Por tanto están en el aire de nuestros oídos, lo que hace que sea muy complicada su interpretación.

El sonido del violín de Seibert posee vibrato y profundidad aunque no un tono penetrante. Su interpretación de Mozart fue limpia y sencilla, con tempos no exagerados y fraseo natural, precisamente en un estilo de música camarística que cabría esperar. La orquesta acompañó perfectamente, sin obstruir ni desbalancear el sonido del solista.

El maestro Calderón dirigió en general con gran convicción, manejando los tempos con seguridad y demostrando que conoce los músicos con los que trabaja. La ovación del final recompensó la labor y aún mas la trayectoria artística.

  • Magister Pablo Alejandro Sulic