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Un siglo sin Vinícius de Moraes

Sábado 19 de octubre de 2013  |  Video  

A cien años de su nacimiento, el 19 de octubre de 1913, el poeta Vinicius de Moraes conocido en su Brasil natal como "poetinha" (poetita) por su gusto por los diminutivos, está más presente que nunca. Más allá de los homenajes que recuerdan al músico y dramaturgo en su Río de Janeiro, sus vivencias, traídas a la memoria por amigos y familiares, hacen que el hombre bohemio y enamoradizo que le puso sublimes notas de alegría a una tristeza sin fin, palpite en cada esquina de su amada ciudad.

Cautivante, celoso, carismático, generoso, mujeriego, bohemio, distraído, bueno, "muy bueno". Así lo recuerdan estos días quienes fueron amados por el músico: "Mujer, mujer, mujer y mujer, con prioridad de la mía, mis hijos y mis amigos", definió una vez a sus seres más queridos. Repasando su vida, escrita en gran parte por él mismo y también por biógrafos y colegas de composiciones, "compinches" de noches cariocas regadas de wishky y canción, queda claro que el "poetinha" era, tal vez por encima del resto de cualidades que se le atribuyen, un hombre sensible que escapaba del "dolor de vivir" a través del amor.

"Soy un laberinto en busca de una puerta de salida", dijo en alguna ocasión, reforzando lo dicho en uno de sus poemas, "Poética", en el que quedan en evidencia los vaivenes que lo llevaban de la cima de las pasiones ardientes a los oscuros pozos de una melancolía sin la cual no comprendía la vida: "De mañana oscurezco, de día tardo, de tarde anochezco y de noche ardo".

Nació en el barrio carioca de Gávea el 19 de octubre de 1913, Vinícius pasó una infancia con escasos recursos económicos durante la que comenzó a mostrar algunos de los trazos más característicos de su personalidad: era travieso, distraído y, desde muy joven, un poeta. No por casualidad uno de sus poemas más famosos se titula "La Felicidad", pero comienza diciendo "La tristeza no tiene fin. La felicidad sí".