Teatro Cervantes

Un globo que arrancó suspiros...

Patricia Monserrat Rodríguez

Miércoles 17 de abril de 2013  

La primera presentación de las obras en gira del Teatro Nacional Cervantes en Salta dejó un saldo altamente positivo. La noche del domingo otoñal no detuvo a los numerosos espectadores que colmaron las butacas de la Sala Juan Carlos Dávalos de la Casa de la Cultura para ver la obra “Globo flotando en el techo de un shopping”

La puesta en escena y dirección fue responsabilidad de Román Podolsky (Docente y Director de teatro. Se formó en actuación con Agustín Alezzo y en dirección con Augusto Fernández y Helena Tritek. Escribe y dirige teatro desde el año 1989).

En la platea de la sala quedó flotando un aire sereno, algún que otro suspiro y mucho silencio acompaño los momentos clave de la obra. Fue como asistir a un velorio pero escénico y freudiano.

“Globo” es un drama acerca de la pérdida de un hijo, de cómo cada uno asume y se reinventa después de semejante fatalidad antinatural. Los personajes fueron interpretados magistralmente por Irene Almus- Eloy, el niño muerto que se corporiza en ella para re narrar el cómo, dónde y por qué se murió-, Horacio Roca- el padre, Fran, que desde su dolor azorado enfrenta la pérdida de su hijo conectándose con él a través de un globo. Su proeza paterna será recuperar el globo que flota en la cúpula del shopping para elaborar tamaña tragedia.

El otro protagónico le correspondió a Víctor Hugo Vieyra, que compuso a Pancho, un hombre de “sin cuenta” años que transita desde la desconfianza hasta el fastidio, desde la compasión hasta la acción por el otro, otro que se debate hace una semana en el banco del shopping que él cuida y limpia.

Al respecto del tema central Podolsky dijo a Página 12:

“Desde la primera lectura (de la obra) se me hizo presente la cuestión de la pérdida y de qué es lo que hacemos las personas frente a lo inexorable de la muerte, frente a lo irreparable”, “Creo que, en el mejor de los casos, cada uno de nosotros encuentra algo qué hacer mientras se va naturalizando esta nueva ausencia.” Por eso mismo el director afirma que el espectador de esta obra asiste “a la construcción de una ceremonia de duelo personal, propia, alejada de toda estandarización”, lo cual, según agrega, convierte a ese ritual en “un acto de afirmación de la propia singularidad, lo cual me parece muy estimulante”.

En este sentido cada espectador pudo afectivamente participar del ritual al que hace referencia el director porteño; pero fue una ceremonia vivida sin sentimentalismos, sin golpes bajos, sin caer en la angustiosa mueca del dolor.

El clima se pobló de oídos, de ojos y casi todos en algún momento pudimos ver metafóricamente el globo de Eloy flotando en el techo del shopping y el camino penoso pero heroico de Fran tratando de duelar su pérdida rescatando ese globo (inflado con “carbohidratos” según Eloy) para liberarlo “al infinito y más allá”.

La puesta en escena fue uno de los notables aciertos de la obra; Podolsky hizo una narración coral, a tres voces del mismo hecho-aguda, grave y bajo, concluyente con los tres tonos vocales de los actores y con los tres climas que pretendía mostrar la obra. La música acompaño sutilmente estos momentos mientras las luces dejaban al desnudo a tres personajes sacudidos por la historia.

Destaco especialmente la escenografía que ambiguamente nos situaba entre los pasillos de un shopping con sus plantas de artificio, como en las galerías de un cementerio con ofrendas florales o en los laberintos del alma humana sembrada de dolores y alegrías.
Y como ocurre en las publicidades en las que actúa un niño, en esta puesta también el niño Eloy, interpretado por Irene Almus se roba el espectáculo, por la ternura, la simplicidad y su fanatismo por el personaje de Toys History “Buzzlightyear”. Mientras los adultos del oficio-Roca y Vieyra- hacen de fondo actoral insuperables.

Este trabajo conmueve pero por la simpleza y por la perspectiva con la que aborda el tema de la muerte vana de un niño, la metáfora del globo y del muñeco Buzz son las claves de lectura con las que Rojas Apel hace entrar en juego a los padres, al conserje e incluso a la realidad de un pobre.

  • Patricia Monserrat Rodríguez, crítica teatral
    labutacateatro@yahoo.com.ar