TEATRO

Un Molière con varias puertas

Patricia Monserrat Rodríguez

Martes 17 de abril de 2012  

Después de medio año de bombardeo publicitario y campañas de difusión en redes sociales y MM CC la Cooperativa Gesto y Cultura a través de su emprendimiento dado en llamar Teatro Estable de Salta, constituido a su vez por tres grupos de teatro independiente en actividad, parió su ópera prima. ¡Al fin! Se lanza al ruedo escénico local “Todos queremos ser Don Juan”.

"Todos queremos ser Don Juan"

  • Esta semana vuelve a escena, el miércoles 18 de abril a las 21.30 en la sala del Teatro de la Fundación Salta, único día a mitad de precio ($25). Y luego se repone a la misma hora el jueves, y el viernes 20 y sábado 21 a las 22 ($50).

“Si el (teatro) me envía una advertencia, tendría que hablar un poco más claro si quiere que lo comprenda” (Acto V, Escena V de Don Juan).

El viernes 13 de abril el tan mentado estreno se realizó a sala llena, sin fanfarrias de hall ni careteos en exceso. Pero los hacedores han demostrado grandes pretensiones en el escenario, comunicando ansias de cambio, experiencia en el oficio y creatividad en el abordaje del producto.

El trabajo, con autoría y responsabilidad en la dirección general del cubano afincado en Salta Idangel Betancourt, tiene afortunadamente varios senderos de lectura a raíz de la multiplicidad de signos puestos en juego. Y, hay que decirlo, varios intersticios que deslucen el espectáculo, algunos muy evidentes a la mirada del público como la actuación.

La Cooperativa Gesto y Cultura en esta propuesta de Teatro Estable ha concretado un proyecto de gestión que les facilitó el acceso a un teatro como el de la Fundación, han pergeñado campañas de difusión alternativas muy eficaces, poseen un elenco comprometido, plural y numeroso. Y se animaron a montar un clásico del teatro occidental: la famosa farsa de Móliere, que elevó a una categoría arquetípica al Don Juan por la naturaleza seductora e inteligente a la vez que cínica y desafiante de su protagonista.

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Escena de la obra (clic para agrandar)

La obra, cuyos antecedentes se anclan en los textos de Don Juan Tenorio de Zorrilla de San Martín y más aún en El burlador de Sevilla de Tirso de Molina-convertida en la también famosa ópera producida en Salta hace unos años “Don Giovanni” de Mozart y Lorenzo da Ponte, plantea el tópico del “burlador burlado”. Tópico que en la versión de Teatro Estable se transgrede ya que los actores llamados a interpretar el clásico no toleran la posibilidad de un contrato mediático final ofrecido por el Diablo, otorgándole a la propuesta valores opuestos a la profesión teatral. Este remate habilita la defensa activa del oficio de actor y del teatro como arte mediador de lo social.

Esta versión emergería entonces como un manifiesto que pretende un cambio enérgico en el rumbo hacia la profesionalidad teatral. Y esta certeza moviliza a los hacedores no sólo en el montaje de “Don Juan” dentro del montaje de “Todos queremos ser Don Juan” sino también en la interpretación de la realidad teatral salteña. Se niegan a una negociación de esa estirpe pues acabaría con sus ilusiones personales y compromisos ideológicos derivando en almas en pena del mundo y/o sistema mediático.

La versión escénica de las tres cabezas de compañía (Betancourt en dramaturgia y puesta, Caram en el diseño artístico y Sarapura en la propuesta audiovisual) presenta múltiples atractivos, entre ellos el dispositivo fractal que ubicado al centro del escenario domina la mirada del espectador. En las orillas de este fractal se ubican los actores quienes entran y salen de escena al estilo brechtiano de hacer teatro.

La estructura reproduce una gran pantalla compuesta de varias pantallitas o ventanitas iguales, que sirven tanto para el desempeño particular de cada actor, como para pasillo de tránsito entre ellos o como gran pantalla infernal desde donde el Diablo recibe al espectador o hace sus intervenciones durante la obra.

Esta fractalidad se puede leer relacionándola a la teoría del caos que postula que ciertos tipos de comportamientos impredecibles en sistemas dinámicos complejos se originarían en un pequeño cambio inicial, el cual puede generar una enorme diferencia en el resultado final. Y Teatro Estable propone un cambio en la teatralidad, un antes y un después en la realidad local. ¿Habrá que ver qué produce este pequeño gesto en el total?

Otro atractivo de esta producción está en la ironía con la que se trató al arquetipíco Don Juan, deconstruyéndolo y descomponiéndolo en múltiples posibilidades, sucesivamente cinco donjuanes encarnan al emblemático personaje. Todos ellos diferentes entre sí aunque las interpretaciones de Miguel Colán Cuenca y la de Mariano Madrazo son realmente imperdibles. Estos actores logran retener la expectativa después de la meseta que sigue al inicio de la obra. Colán Cuenca encarnando a un Don Juan veterano desde un registro humorístico y Madrazo componiendo a un Don Juan metrosexual hedonista son parte de lo mejor del espectáculo.

Junto a ellos hay que destacar el estupendo trabajo actoral de Luis Caram en el rol de Sganarelle, quien sostiene la obra durante todo su desarrollo. Este rol parece hecho para él, quien además se mueve en el escenario con gran solidez, mostrando todos los matices del personaje hasta la ruptura final.

Entre las escenas recordables de esta obra señalaré la de Carlota y Don Juan, que incorpora al pastor interpretado por el novato Javier Tejerina de Zuani, quien hace de su accidente y cuerpo de rugbier un motivo de dramaturgia muy eficaz para la historia. De hecho, para señalar la parte del desafío de Don Juan el elenco ejecuta el famoso haka maorí de los All Blacks neozelandeses. Un recurso muy inteligente que prepara al público para lo que se viene. Carlota, interpretada por Liliana de la Fuente a quien vimos en Gauchaditas de R. Monti, aporta lo folclórico a esta versión que se ve que tiene de todo.

Seguramente por esta intención de dar cabida a todo el material dramatúrgico que pueden aportar los actores, de otorgar a cada uno su momento de fama como en un reality show, se hace que la obra caiga en un exceso de todo. Esta línea está buscada desde la propuesta de dirección y la idea de trabajar con el Don Juan es acertada ya que este personaje es el ícono de la desmesura y de lo recargado.
Sin embargo hay elementos vacíos de sentido, como el de la pelea coreografiada o la del curandero que desorientan al espectador o las múltiples aclaraciones del Diablo en pantalla que constituyen insterticios de escape para el interés de la obra. Por otra parte el registro recitativo, dilatado y los falsetes actorales de Pastor Hidalgo (Diablo) sumado a la mala calidad sonora del video desalientan el compromiso espectatorial. En el mismo registro declamativo y hueco caen las perfomances de las mujeres de la obra clásica.

Esta problemática- la disparidad del desempeño actoral- es también parte de los costos que asume el grupo en su interés de “poner una pica en Flandes” respecto al teatro local, y esta actitud y esta energía para concretar proyectos diferentes y creativos, aunque caigan en oquedades semánticas o se enrieden en los signos que destejen, es altamente aplaudible y digna de ser acompañada por el público. A ver si se produce un teatro más estable como sistema dinámico de creación de arte y como requisito inestimable para la profesionalizar a los hacedores del teatro en Salta.

  • Patricia Monserrat Rodríguez
    Crítica teatral