La otra cara de la memoria femenina
- Grupo de teatro “Stress” teatro independiente. Obra “Mujeres de negro”. Estreno: Viernes 20 de agosto a las 21,30 en el Salón Auditórium “Dr. Rafael Villagrán” (Belgrano 1349). Puesta en escena y dirección de Ana María Parodi y la actuación de Mary Gervino como (Sra. de Mandez); Soledad Pérez Fernández (Sra. de Godoy) y Graciela Valls (Sra. de García).
Sin embargo Ana María Parodi y su grupo Stress han manejado los códigos mediáticos de manera sesgada para conquistar la platea femenina adulta. La obra es sólo en parte lo que evoca en las estrategias de prensa. Y lo demás asegura la experiencia agradable.
Los factores de la previa: noche del domingo, en la tercera función del espectáculo, bellísima noche pre primaveral, inusualmente interesante el número de espectadores, estrógeno suspendido en el aire, murmullos y balbuceos en las butacas.
Las mujeres de negro se hicieron presentes apelando a las imágenes que construyen la identidad femenina con vestuario, maquillaje y música nupcial avisando casi lo dramático. La marcha ratifica la viudez de las tres féminas y la selección del vestuario de cada una construye su carácter prototípico: la mujer obediente y “tontona”; la sensual desatendida, y la obediente resentida. Todas son funcionales al discurso machista.
Las tres repiten año a año el rito de visitar a los muertos el día de difuntos y poco a poco entran en la confesión y la evocación de sus vidas maritales. Los hombres siguen siendo el eje de sus vidas y no han logrado más que en la palabra deshacerse de sus huellas- simbolizadas en la puesta con cadenas (collar y tejidos).
Hasta ahí la farsa no se devela; en las escenas finales asistimos a la burla ejemplar con la que estas beatas viudas reviven sus días matrimoniales y se vengan de las infidelidades de los esposos. El sorteo del turno de lavado de las flores desechables se resignifica y descubre la otra cara de la memoria. Un remate dramatúrgico bien colocado y potente en la puesta ya que completa la ceremonia de manera irónica y prolija.
La puesta revela las intenciones de los creadores; nuevamente el discurso de género- esta vez con el texto de Luis Mansilla que más allá de los clichés con los que diseña a las protagonistas logra un texto accesible, reconocible de la naturaleza femenina y con una estructura y duración apropiadas. Mansilla escribe y dirige en Santa Fe y se ha especializado en esta línea de género; entre sus obras las mujeres son omnipresencias-“Sexo sentido” en la que tres veteranas buscan conocer el código del chat para conseguir pareja; o en “Mujeres doradas” en la que cuatro hermanas solteronas esconden sus soledades pavoneándose todas las tardes en su balcón.
Evidentemente Mansilla conoce la naturaleza de las mujeres grandes Siempre trato de escribir sobre aquellos recuerdos de la infancia; las figuras de mi madre y mis tías siempre están presentes en los textos, sobre todo porque en mis obras el rol femenino es el que prevalece. Y a la hora de armar los primeros esbozos de este libreto en particular, disfruté mucho de releer las anécdotas y testimonios que fui recopilando para escribirlo. En muchas oportunidades el sentido cómico ya estaba presente en esas anécdotas con lo cual nunca termino de sorprenderme por ciertas costumbres que se mantenían en otros tiempos. Demás está decir que hago esto justamente para impregnar a la puesta de un "gustito’ santafesino que me gusta resaltar; una identificación que pretendo con el público y que convierte mis obras en pequeños retratos de nuestra cotidianeidad”
Tanto como Parodi, quien ha interpretado multiplicidad de roles femeninos en su amplia trayectoria actoral. Ya ha mostrado ella su oficio en esta línea cuando el montaje de “Las que aman hasta morir” de Cristina Escofet; recaló lateralmente en él con sus dos unipersonales “Eva y la Muerte” y la anterior producción “Oh, Sarah”. La recordamos también en “Solas en la madriguera” de la Peña Española.
Una cuidada elección de los otros signos de la puesta, tanto el maquillaje como la ambientación escenográfica-limitada pero efectiva-a la banda sonora le incomodan dos remates y el diseño lumínico tan prolijo no da cuenta de cierta degradación de los personajes que habitan ese cementerio impoluto. En el registro actoral se ha pensado más en el perfil denso de la viudez, en esa sordidez de la hipocresía. Contrapuesta a la imagen de las viudas más genuinas almodovarescas o las viudas populares veronesianas. Pasa que estas viudas no se inscriben en esas posibilidades estéticas sino en las viudas del naturalismo con unos toques del grotesco.
Las actrices se muestran en conjunto muy cómodas en esa situación. Sobre todo Mary Gervino en cuyo alrededor gira gran parte de la obra y logra sostener legítimamente su personaje y transmite su disfrute. Por su parte la actriz Graciela Valls se destaca por la naturalidad con la que se involucra en la obra, teniendo en cuenta que es la más irónica y cruel de las tres. Siempre conserva cierta artificialidad el registro actoral de Soledad Pérez, aunque se percibe marcadamente en la declamación del poema de Lorca.
Esta cuestión no impide que las tres perfomances actorales se ensamblen casi sin ruidos que impidan ciertos reconocimientos y algunas sensaciones catárticas. Interesante aunque a veces incompleto es el trabajo con la mueca que se logra por momentos, la deformación de la mueca, su corrosión ante el descubrimiento de la traición post mortem es un signo ausente y desatendido en la puesta.
Seguramente pasados los estertores del festival que por estos días se desarrolla en la ciudad subirá de nuevo a escena esta obra. El oficio en la dirección es innegable, la actuación memorable de Mary Gervino y el debut de Graciela Valls son los atractivos de la producción. Si bien el texto no aporta novedades sobre la diferencia de género, si se torna accesible y tiene los espasmos de humor ácido como para que uno se quede mirando a estas tres viudas de antología.
- Patricia Monserrat Rodríguez
Escritora y crítica de teatro.
Especial para Calchaquimix

