ORQUESTA SINFONICA

Temporada de luminosos estrenos

Pablo Alejandro Sulic

Lunes 6 de mayo de 2013  

El violinista Stephan Grytsay se presenta con total naturalidad, como un trámite que hay que cumplir, tocar solamente un concierto más. No importa si este es un homenaje a las raíces armenias del compositor, o que fuera el gran maestro del violín Oistrakh el que estrenó la obra. Es indiscutible el joven tiene un gran camino por recorrer para madurar interpretativamente, pero también es positivo que su técnica es deslumbrante desde todo punto de vista, que su instrumento es tan solo un complemento de su cuerpo, que conoce cada recodo de su sonido y que no tiene complicaciones para abordar cualquier repertorio que se le presente.

Cierre del Abril Cultural 2013

  • Concierto cierre del Abril Cultural 2013. Orquesta Sinfónica de Salta. Martes 30 de abril. Teatro Provincial de Salta. Repertorio: Concierto para Violín y Orquesta en re m de Aram Katchaturian, con Stepan Grytsay como solista en violín y Sinfonía Nº 3 Op 43 “El Poema Divino” de Scriabin.

Quizás la parte más endeble sea el sonido de su violín, por lo que se lee en las notas es un gran instrumento, pero le faltó rango dinámico para sobreponerse a la orquesta que en largos pasajes lo escondía por completo. Por otro lado los ritmos ardientes, el colorido melódico armenio en el primer movimiento, el tono lúgubre del Andante sostenuto con gran sutileza armónica-melódica y la explosión de alegría y virtuosismo del final estuvieron presentes en la interpretación de Grytsay. Hubo en todo momento vetas del color idiomático que imprime el mundo sonoro del compositor. Las intervenciones de la Orquesta Sinfónica fueron transparentes, intentando en todo momento añadir o colorear lo que planteaba el solista, con total equilibrio, salvo los momentos mencionados al principio.

Una obra colosal, de enormes dimensiones, eso es el Poema del Éxtasis de Scriabin. Un primer motivo lánguido, seguido por el motivo de la Voluntad en trompetas, luego el clarinete presenta el Sueño. La Afirmación es un concertante de gran complejidad armónica, con la intervención de la Protesta de los metales, que nos lleva a una intensidad sonora sencillamente descomunal. Hay una sucesión de acordes radiantes, no encuentro otro adjetivo para describirlos, que campanillean en los afortunados oyentes.

El final en un mesiánico do mayor nos muestra la trascendencia del hombre frente a Dios, un verdadero éxtasis luminoso que se prepara con una nota pedal en do de cincuenta compases en los bajos, mientras el resto de los músicos se entrega a un torbellino que crece segundo a segundo y cuando parece que todo terminará se consume en una intrigante quietud, con la magia del arpa. La riqueza armónica, la originalidad de la concepción del tejido orquestal y la prodigiosa carga emocional hacen de esta obra un hito.

Es una música que fuerza las metas de la interpretación, que parte de un lenguaje puramente romántico y que llega a un personalísimo límite. Por establecer tan solo una comparación simple, si Chopin es la seducción musical y Wagner la armonía inflamada,
Scriabin es pura incandescencia sonora.

Una pena que varios de los presentes de la platea tuvieran que retirarse antes del glorioso final, quizás por otras urgencias, por lo extenso de la obra o por la hora de la noche. Parafraseando a Nietzche: “Es preciso llevar un caos dentro de sí para dar a luz a una estrella fugaz”, Scriabin seguramente lo ostentaba, y creemos que nuestro director seguramente también para tener la osadía de llevar a buen puerto semejante obra.

  • Magister Pablo Alejandro Sulic
    pablo.sulic@gmail.com