Se fue el héroe del flamenco

Miércoles 26 de febrero de 2014  

Paco de Lucía, tocaor estratosférico, compositor fecundo e imaginativo, tímido pero sublime e infatigable embajador de la cultura española. Payo de nacimiento, pero gitano de alma, Francisco Sánchez Gómez, que ha fallecido repentinamente en una playa de México a los 66 años, aprendió a rasguear la guitarra por pura necesidad, al mismo tiempo que empezaba a hablar, cuando vivía en el barrio caló de Algeciras, La Bajadilla.

Paco de Lucía fue un músico universal, el guitarrista que refundó el toque flamenco y lo subió a las más altas cimas artísticas haciéndolo crecer y evolucionar y mezclándolo con otras músicas de raíz, como la bossa nova, el jazz o el blues, a las que él llamaba “las músicas de la nevera vacía”.

Aunque ya integraba el Olimpo de los guitarristas y su aporte a la música gitana alcanzó una dimensión decisiva por haber sentado las bases de una profunda renovación capaz de conciliar raíces y vanguardias, su ausencia es dolorosa y para lamentar.

Como compositor, arreglador e intérprete, el artista nacido el 21 de diciembre de 1947 en Algeciras bajo el nombre de Francisco Sánchez Gómez, también cargó de emoción a la guitarra clásica y académica, impregnó de un toque propio y cautivante al jazz y hasta derivó con sabiduría en las aguas del blues, de la bossa nova y de la salsa.

Esos gestos de ductilidad y talento en relación a una música a la que le borró las categorías entre lo popular y lo culto y le arrancó las fronteras estilísticas, ya bastarían para sentirlo una figura descomunal pero, sin dudas, es su aporte al flamenco el que más fácilmente sirve para dimensionarlo.

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Adios al revolucionario de la guitarra

Esa estatura tuvo un momento de apogeo y quiebre junto al cantaor Camarón de la Isla en una fructífera década que se extendió entre 1969 a 1979, cuando dibujaron armonías y ritmos distintos para el flamenco y cautivaron a un público más allá del tradicional de los tablados, un audiencia heterogénea y planetaria que llenaba teatros y compraba sus grabaciones.

El carácter revolucionario de esa inspiración en tiempo donde España caminaba la siempre traumática transición hacia la democracia tras la larga noche de la dictadura franquista, le costó una paliza propinada por un grupo de manifestantes de ultraderecha que sorprendió al músico en la Gran Vía madrileña.

Pocos días antes, al ser consultado en TV por cuál de las dos manos era más importante para tocar, dijo: "La izquierda es la que busca, la inteligente, y la derecha, la que ejecuta".

Por entonces, además, compuso y grabó la rumba “Entre dos aguas”, la más popular de una cosecha que supera holgadamente los 200 títulos y es otra prueba más de un arte gigante, capaz de interpretar las infinitas variantes de una construcción colectiva con sello propio.

Pocos artistas en la historia de un folclore son capaces de sostener la esencia más significativa del género, reunir las distintas peculiaridades y entonaciones que aparecieron en creadores dispersos y con eso inventar un modo propio, que nunca pierde contacto con la raíz más genuina y al mismo tiempo establece nuevos estándares para el género, dándole una entidad universal que no lo separa pero sí lo eleva del ghetto.

De Lucía salva al flamenco de sus peores vicios, de las adiposidades repetitivas que acumuló con el tiempo en los tablados turísticos y en algunas versiones "alimonadas" muy a la época y al gusto del mercado internacional, para volver a la esencia más pura y radical de ese folclore del sur de España, aunque lo suyo nunca es un regreso sino un paso hacia adelante, porque él ya estableció una nueva altura, y sobre ella se sigue elevando.

La guitarra de Paco se llena de intensidad, se expande, se contrae, se arremolina, se tuerce, frena de golpe, vuelve a comenzar, despliega una narrativa llevándola hasta el límite, la interrumpe con un golpe seco, la retoma por nuevos senderos y la vuelve dulce, convidando toda la dulzura escondida del flamenco.

Pedro Fernández Mouján apuntó en su crónica de Télam sobre el concierto con el que el músico regresó a la Argentina tras 16 años que “lo increíble en un concierto de Paco de Lucía es que uno no va a encontrarse con una leyenda, en el sentido de que no va a ver a alguien que inventó el flamenco hace mucho tiempo, sino a alguien que lo sigue inventando, y cada vez mejor”.

Entre algunos de los muchos momentos claves de su obra, queda el testimonio de cómo asumía las piezas clásicas de Manuel de Falla y, además, "El concierto de Aranjuez" de Joaquín Rodrigo.

Tampoco pueden pasarse por alto los encuentros con los jazzeros John McLaughlin y Al Di Meola, una experiencia que, por ejemplo, puede apreciarse en el disco en vivo "Friday Night in San Francisco" (1981).

Si bien semejante recorrido no cabe en los diplomas, Paco se convirtió, en 2010, en el primer español en ser investido doctor honoris causa por la prestigiosa universidad estadounidense Berklee College of Music, una de las mecas de la música.

Antes, había merecido en su país el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, el Premio Nacional de Guitarra de Arte Flamenco y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes de España.

Los restos mortales de De Lucía serán trasladados a Algeciras, que ha decretado tres días de luto oficial, lugar donde será despedido "de forma sencilla, como era Paco", anunció su alcalde, José Ignacio Landaluce.