GRUPO ARPI

Risas y relax sin preámbulos

Patricia Monserrat Rodríguez

Martes 14 de agosto de 2012  

Está en cartel con una serie de funciones en el Teatro de la Fundación, la comedia “De parejas Des-parejas”. El texto original del multifacético creador escénico Salvador Amore se titula “Desparejas”, mientras en la versión de Omar Pizzorno se hace este juego lingüístico que aporta ambivalencia al enunciado. Y esa ambivalencia de significados y tópicos se va repitiendo, atravesando toda la obra; en esa ambigüedad se sostiene gran parte de la comedia. La obra de ARPI va ganando su público con trabajo, prolijidad, sobriedad y coherencia. Así, concentra a la platea salteña que quiere “pasar un buen rato”. ¿Qué ingredientes puso a funcionar?

ARPI gana espacio con
“De parejas Des-parejas”

  • Se agregan funciones: Miércoles 15, jueves 16, viernes 17 y sábado 18 de agosto. Teatro de la Fundación Salta a las 22. Elenco: Milena Bilen, Guillermo Gerchinhoren, Gaby Vázquez y Pablo Andrada. Dirección: Omar Pizzorno. Grupo ARPI Teatro. Entrada general: $40. Jubilados y teatristas $35.

Un texto corto, simple y muy actual de Salvador Amore, quien se ha desempeñado en la diversidad de oficios teatrales, él se define en su web como “un hombre de teatro” al estilo de los creadores de la poética realista setentista.

En el caso de esta comedia lo que funciona es la parodia con la película “Ghost” conocida en idioma castellano como Ghost, la sombra del amor, Ghost, más allá del amor o Ghost, el fantasma del amor es un drama-thriller dramático-fantástico de 1990 protagonizada por Demi Moore, Patrick Swayze, Tony Goldwyn y Whoopi Goldberg, escrita por Bruce Joel Rubin y dirigida por Jerry Zucker. Ganó dos Oscar, a la mejor actriz de reparto (Whoopi Goldberg) y al mejor guión original, y fue nominada a otros tres: a la mejor película, a la mejor música y al mejor montaje.

Lo que recupera Des-parejas de la recurrente película es el tópico del fantasma que regresa a su amante con la imposibilidad de comunicarse con él. La única banda sonora que Pizzorno selecciona es la música de la escena de amor de la película, estableciendo una complicidad y la inversión del tópico romántico.

Las parejas de la comedia -Soledad y Carlos y Graciela y Fito -están muy lejos del amor representado como el vínculo fuerte y cariñoso entre hombre y mujer. Estas parejas se aburren de sí mismas, sienten rechazos que pasan por lo personal y la sexualidad. El vínculo es la costumbre y el desahogo el alcohol y el firtleo clandestino.

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Escena de la obra (clic para agrandar)

Las parejas “modernas” conservan las formas sociales y cumplen con los mandatos y ritos que rigen estos vínculos aunque los sienten como arcaicos y opresores.

El conflicto también se aleja del texto con el que establece referencia. Las chicas deciden irse de vacaciones juntas a Bariloche, dejando en el aire una onda lésbica y cierto frenesí juvenil que ya no tienen los personajes, instalando también el tema del adolescentismo de estas mujeres del siglo XXI. Ellos, haciendo gala de un machismo atenuado, ni se inmutan con la decisión y se entusiasman por la semana de libertad que se anuncia con la ida de las chicas.

En la parte terrenal de la obra tanto varones como mujeres adoptan conductas ambiguas, misóginas que dan cuenta de la crisis de los estereotipos sexuales. Lo que causa risa es el código puesto en crisis de las relaciones entre varón y mujer, temática tan actual como polémica y mediática.

Los sucesivos remates de la comedia, planteados desde el texto, se van introduciendo con acierto actoral ya que renuevan la comicidad. Después de un absurdo accidente, las amantes regresan como “fantasmas del amor”, invirtiendo la situación de desamor en el que la vida terrenal los unía. En la otra vida las alcanza el amor, cuando ya el cuerpo ni los demás no intervendrían. Como se ve, en la aparente liviandad de la comedia de sábado por la noche se abordan esta gama de temas remanidos pero también polémicos.

El elenco de ARPI estuvo esta vez a la altura de la producción y las pretensiones visibles del director. Guillermo Gerchinhoren se desenvuelve con más comodidad y naturalidad en su rol que en otras producciones en donde lo he visto, mientras su partenaire Pablo Andrada, novato en la escena, llama la atención porque llega a interpretar mayores matices en su personaje. A pesar de ello hay como momentos de artificialidad, los llantos por ejemplo que apelan a la inverosimilitud del melodrama.

Las chicas acompañan a la dupla “metrosexual”, Gabriela Vásquez no se sale jamás del estereotipo que ha creado hace años, que la limita en su capacidad actoral aunque le posibilita llegar eficazmente al auditorio. Para quienes ya la vimos varias veces en su desempeño no hay novedad. La dinámica se ralenta por los desempeños femeninos, se pierde la chispa a raíz de las idas y venidas técnicas pero también por la lentitud y artificialidad con la que los parlamentos de las chicas son enunciados.

Un último aspecto destacable de la última producción de ARPI, cuya oferta hace años que circula por la comedia, es la seriedad con la que se encara la gestión de público. Hay un buen anfitrión y gestor en Omar Pizzorno, que conserva cierta dosis de buen gusto y profesionalismo que los hacedores más jóvenes descuidan.

También está creciendo en él un buen director de escena: la ambientación escénica, el vestuario, la musicalización son aspectos que se cuidan y aprolijan. Así como la difusión de la actividad del grupo en la gráfica. Con economía de recursos, como casi todos los proyectos del teatro independiente, pero se ve trabajo de elenco y deseos en un grupo que afortunadamente tiene continuidad y además se divierten con lo que hacen y ofrecen.

“De parejas- desparejas” no es una obra para ver dos veces, ni para analizar demasiado. Pretende hacer reír y relajar el stress cotidiano. Y eso se logra sin preámbulos.

  • Patricia Monserrat Rodríguez
    Crítica teatral
    labutacateatro@yahoo.com.ar