Reino y travesía: sueño y poesía

Liliana Bellone

Martes 10 de diciembre de 2013  

Ángel Martínez Haza transita por la música, la poesía y la narrativa. De la mano de su violín, arriba a las regiones poéticas desde donde surgió este libro suyo: "Reino y travesía". El título recorta un tópico clásico de la literatura: la búsqueda y el viaje. El epígrafe de Alejo Carpentier alude a mundos nuevos y la necesidad de experimentarlos, viajes en pos de los reinos perdidos o reinos futuros.

Libro: "Reino y Travesía"
Angel Martinez Haza
(Ediciones 5 sentidos NOA, Salta, 2013)

Como en A la recherche du temps perdu de Proust, la novela de Angel Martínez Haza es un periplo interior, un bucear en la propia experiencia y en el recuerdo en busca del vellocino de oro, de un paraíso perdido y recuperado por la escritura, por el recuerdo o por la realización de nuevas empresas. De tal modo que pérdida del paraíso implica también fundación e inicio, en una circularidad mítica.

"Reino y travesía" es novela de iniciación. En ella, el joven Nadir, cuyo nombre de origen árabe remite a cierta oposición y rebeldía será convocado como aspirante a Preceptor. Seguirá las indicaciones establecidas por el Maestro Onides y deberá atravesar el Bosque Cenagoso, lugar solitario y lleno de peligros, donde conocerá a la hermosa y dulce Ámbar, cristalina y pura como su nombre.

La novela de iniciación o de aprendizaje se articula con la novela de viaje. Como los grandes viajeros de la literatura, Nadir y Ámbar deberán sortear vicisitudes y pruebas hasta llegar al refugio y finalmente a la ciudad amurallada de Melnas. En este texto están por supuesto la Odisea, Gulliver y las historias donde los héroes buscan un objeto perdido llámese Santo Grial, anillo mágico o lámpara encantada.

De este modo, en la novela de Ángel Martínez Haza se puede leer el palimpsesto de la novela primordial, esto es la novela que se construye en torno de una búsqueda. En el caso de la novela de iniciación, es la búsqueda de la identidad que no es otra cosa que la búsqueda del padre, de un nombre, o sea de un lugar en el Otro.

La literatura ofrece un itinerario de nombres: Esteban Dédalus en el Ulises de Joyce, donde este joven con nombre bíblico y que evoca al laberinto de Creta recorre las calles, la memoria, la cultura, la poesía y el lenguaje para arribar al secreto de su origen y de su deseo. En el Ulises de Joyce está La Odisea, que a pesar de ser un poema épico es madre de la novela, está Telémaco en busca de su padre, revivido en esa gran odisea latinoamericana que es Pedro Páramo, la gran novela de Juan Rulfo donde Juan Preciado llega a Comala para buscar a su padre. Esta búsqueda y esta construcción se relaciona con lo que Freud llama la novela familiar del neurótico, la trama de cada uno, la historia personal y única que repite la literatura. Nadir y Ámbar descubrirán que el viaje les proporcionará el crecimiento necesario para afrontar la vida.

La iniciación y el aprendizaje recuerdan La educación sentimental de Flaubert y al reserito de Don Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes donde el la formación del joven gaucho se hará de acuerdo con el recio modelo de ese padre genérico y criollo que es don Segundo, pero que lo llevará a encontrar su verdadero nombre, el nombre de su padre, el dueño de la estancia, o sea su patrón y se convertirá en un gaucho con apellido, paradoja pues gaucho proviene de huacho o sea huérfano en quechua. Fabio Cáceres, el reserito de Güiraldes, no será más huérfano pero sí gaucho porque para Güiraldes ser gaucho es sustancial, es garantía de ser.

Nadir encontrará el camino de la madurez. El viaje desde Arema hasta Melnas, la ciudad amurallada, se completa con el mito de la fundación: surgirá una nueva comunidad, con nuevos preceptos. O sea el mito del viaje se prosigue en el mito de la fundación, elementos primordiales de la novela mítica, cuyo ejemplo en Cien años de soledad de García Márquez, cuando José Arcadio Buendía y Ursula Iguarán, fundan la aldea y la dinastía luego de atravesar las sierras y los ríos, repletas de fieras y reminiscencias de piratas.

En este punto estamos en condiciones de afirmar como Roland Barthes que la literatura es una gran tautología.

El tiempo cíclico del camino del héroe se enriquece con el aprendizaje. En el epílogo, una nueva aspirante evoca al maestro, pero el maestro es ya un anciano y será sustituido. Pero Lucina, una suerte de sibila guiadora, le indicará un camino que tiene que ver con un viaje interior.

La escritura de Ángel Martínez Haza proviene sin duda de Carpentier y de ese grande que es García Márquez, y su prosa se puebla de poesía que habla de la tierra cubana, de sus aromas, de sus aves y plantas, de sus sonidos. Transcribo un fragmento de honda belleza a través de sinestesias y figuras de gran sensualidad:

Arema es una región predominantemente rural. Allí los frutales velan su país de sombras y olores junto al avance de senderos empedrados. La luz parece un pájaro más entre los de pico curvo y los bicolores, abundantes en los extremos de las casuarinas. Rumores, cantos y crujidos. Una misma piedra gira humo se adormece para confirmar los senderos y dialoga con maderas pulidas en las paredes exteriores de las moradas. No hay dos semejantes entre estas casas, amplias y sombrías, que mantienen prudente distancia una de otras.

La dimensión épica oral se advierte cuando el narrador dice: “Las historias cantadas de la antiguos maestros llenaban su memoria y daban forma a aquellas capacidades y virtudes inherentes al buscador de la claridad”. Relación con la tradición como en las sagas o en los textos iniciáticos orientales que nos recuerdan a otro grande de las letras hispanoamericanas: Jorge Luis Borges, por ejemplo, en el cuento de aprendizaje “El acercamiento a Almotásim”, (en Ficciones de 1944), donde el iniciado, personaje de una supuesta novela, busca al maestro Almotásim. También Borges persigue a través de laberínticos jardines su propia identidad dual, identidad que lo enfrenta tarde o temprano con lo real, con la mortalidad y con su rostro definitivo.

Gaviotas, carne de venado, mangos, lluvia y monte (índices temporales y costumbristas) sitúan la historia en un entorno determinado: Cuba.

Esta novela puede leerse también como alegoría, como sueño y como epopeya, múltiples lecturas que provocarán en el receptor innumerables apreciaciones e inquietudes, riqueza del texto, riqueza del sueño y el deseo de Ángel Martínez Haza que se encaminó por el sendero de la narrativa para decir su mundo y su arte a través de un lenguaje claro y bello, conciso y a la vez sugerente. Novela que atrapa y que se lee poéticamente, un texto modelado con diestro dominio del idioma y del ritmo narrativo, de la eufonía, como corresponde a un verdadero poeta y a un verdadero músico.

Hijo del Caribe, de esa perla que es Cuba, Ángel Martínez Haza nos regala, acá, en la Argentina, este sueño-poesía-historia que es su primera novela.

  • Liliana Bellone, escritora
    lilabellone@gmail.com
    Salta, noviembre de 2013