Reeditan el libro sobre Spinetta

Sábado 30 de agosto de 2014  

A poco más de dos años de la muerte del Flaco y 26 de la primera edición fue relanzado Spinetta. Crónica e iluminaciones, un libro con charlas entre el escritor -en ese entonces joven periodista- Eduardo Berti y Luis Alberto Spinetta, un documento, ahora aumentado y revisado, que deja conocer los pensamientos y la obra de un músico irremplazable.

"Un libro así­ hace falta", fue la frase con la que cortó el teléfono Luis Santiago, padre del músico, cuando Berti, de sólo 23 años, lo llamó para buscar a su hijo y proponerle un largo reportaje que serí­a la base del libro. Cuando el Flaco lo atendió, luego de pensar un rato, le dijo al periodista: "Yo quiero que hagan un libro sobre mí­ sólo cuando haya muerto".

Pese a las dudas, Spinetta se entregó a este joven "fana" y durante cuatro meses trabajaron "como animales", según escribe Berti en el prólogo de la reedición publicada por Planeta, que incluye fotos -aportadas por Eduardo Martí­ y su familia- y poemas inéditos, letras y dibujos manuscritos y artí­culos de esa misma época. Además, en la nueva portada están los nombres de Berti y Spinetta como autores, algo que la primera edición el músico habí­a descartado.

Las charlas se dieron entre septiembre y noviembre de 1988 principalmente en el departamento de Belgrano del músico. Por momentos fueron "una suerte de cacerí­a", pero también una complicidad que llevó a Berti a acompañarlo a ensayos y radios; a compartir un viaje en auto y a escuchar que el Flaco le dijera que querí­a largar todo e irse a vivir a un lugar "tipo Brasil".

A fines de ese año, ya era un best-seller y tras varias ediciones, Luis lo llamó a Berti para decirle que ya era "suficiente" y que no debí­a reimprimirse más. Sin embargo, hasta 1993 regí­a el contrato editorial. "Quedamos (y es justicia, pienso) en que el libro era de los dos, fifty y fifty, y que sólo podrí­a reeditarse con la bendición de ambas partes. Pero nunca lo reeditamos", cuenta el ahora consagrado escritor, que al poco tiempo se fue a vivir al extranjero.

"Su muerte fue un mazazo", tanteó a definir Berti, pero ese "vací­o inmenso" deja "un hermoso desafí­o para los próximos artistas: la medida de referencia que impone su obra en materia de calidad, seriedad y emoción". De alguna manera, el hecho que este libro vuelva a ver la luz tras 26 años (y una descatalogación) por acuerdo de Berti y los cuatro hijos del Flaco es un tributo a que "no muera en nosotros todo lo que nos enseñó con su arte".

Este homenaje amplificado que, desde que salió hace algunas semanas, está entre los 10 libros más vendidos de no ficción, contiene la mirada que Spinetta arroja sobre su obra y el mundo "con esa sabia mezcla de remembranza y esperanza". "Cada nota es una esperanza, mientras que el silencio no posee ninguna esperanza más que la de ser una nota", dijo el alma máter, poeta y cerebro mágico del rock nacional.

Además de las ideas del Flaco sobre su carrera y el arte, Berti enlaza entrevistas a allegados como Emilio del Guercio, Rodolfo Garcí­a, Machi Rufino, David Lebón o su padre, Luis Santiago, y compone un libro donde prioriza "la poesí­a sobre la música" recorriendo las etapas musicales, desde Almendra pasando por Pescado Rabioso, Invisible, El valle de Jade y, finalmente, como solista.

Este libro difunde la voz de Luis Alberto. Los pensamientos y conceptos del hombre que bajo el escenario querí­a ser invisible se amplifican; la poesí­a del artista que se sentí­a "poético, no un poeta" invade al lector y ese legado tangible, único y maravilloso del tipo que concebí­a al arte como "forma inversa a las fuerzas de la destrucción" vuelve una vez más para revelar los sentidos.

Y aunque hubo momentos que el Flaco parecí­a cansado del reportaje del joven periodista, al final de esta crónica, Berti le preguntó: "¿Algo más, señor Spinetta, para terminar el libro?" y él, entretenido, contestó: "¿Cómo? ¿Ya terminó?".

Porque finalmente Spinetta. Crónica e iluminaciones no es más, ni menos que un destello editorial cuya pretensión, simple y necesaria es que "siga la melodí­a".