Primer estreno teatral del 2012

Patricia Monserrat Rodríguez

Sábado 18 de febrero de 2012  

La temporada de estrenos teatrales fue inaugurada con la obra “El Partener”, producción de la también reciente Cooperativa “Gesto” Cultura y Desarrollo y de la Fundación Salta quienes han patrocinado al grupo La Patota Teatral para dar inicio a la actividad local.“El partener” seguirá en cartel los jueves, viernes y sábados de febrero hasta el 3 de marzo a las 22, en el Teatro de la Fundación Salta (General Güemes 434).

La obra contó con la novedad de tener a dos directores para la misma producción: Juan Carlos Sarapura y Sergio Cancelliere y por los créditos que figuran en el programa de mano se observa un trabajo en equipo cuidado para la primogénita de Gesto.

La puesta en escena propone al espectador que entre en la historia a partir del diseño del espacio, construido en una perspectiva prolija que disimula los puntos de fuga y comprime el lugar, aprisionando a los protagonistas del relato escénico, oprimiendo los límites de la acción y a la vez constriñiendo la mirada de los espectadores. Como en abismo se erige ante nosotros un cuartito ruin, poblado de objetos en un ámbito hiperrealista en cuyo centro ficcional y espacial se ubica una radio antigua, destartalada. La idea de la puesta resulta atractiva desde el inicio, incita y abochorna las miradas a la vez. La incomodidad es un signo potenciado en la obra, esa sensación se traslada a la platea que completa las líneas de la perspectiva propuesta.

La tensión va erigiéndose también de a poco. La historia ubica a un padre despreciable en el centro de los conflictos y como el objeto de deseo de todos los demás personajes. Alrededor de este átomo narrativo, podría decirse, orbitan el hijo, la profesora de folclore y la paraguayita. Todos ellos desean ser el partener de este padre, cuyo oficio es el de narrador criollo; su vida artística se realiza en festivales populares, eventos festivos que convocan el folclore o la tradición pueblerina. Las posibilidades que le genera el oficio a Pacheco, el padre, se convierten en el campo de lucha entre las mujeres que lo rodean y el propio hijo.

El cuartucho oficia entonces como un lugar privilegiado porque allí se tensionan los deseos de los demás: deseos carnales, vanidades, deseos de afecto, cobardías. Toda la gama de las miserias se entrecruzan en ese cuartito, todas se potencian y todas se subliman en un mismo acto. La pieza es el escenario de un casting imposible para todos menos para Pacheco.

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Elenco salteño de El Partener (clic para agrandar)

El texto de la obra, estrenada en Bs As en 1988 perteneciente al reconocido dramaturgo porteño Mauricio Kartún, cuenta con una riqueza incuestionable y el sólo hecho de poder participar de ella oyéndola es de por sí justifica ampliamente el ver esta obra. Su potencialidad no sólo está en la intriga sórdida que va construyendo sino en los sentidos sugeridos por las imágenes que se potencian entre sí, en los microrelatos que incluye en el desarrollo de la obra, en la tensión creciente con la que remata el drama y en la musicalización que promueve la obra.

La sordidez es el clima que han privilegiado los directores, la roña de espíritu, el abandono, la obscenidad; la malicia visceral que pulula en esta obra genera una mirada asombrada pero por lo abyecto de las situaciones, por el grado de vileza con el que se rebaja cada personaje para alcanzar la ansiada categoría de partener de la figura. El padre, quien aparece como el desfigurado de esta obra, es un ser des- descompuesto, viciado de picardías y menoscabos que perfilan la identidad nacional. Kartún no presenta cara y anverso de un mismo personaje, en Pacheco se hibridan, se amalgaman los infortunios de manera tal que habilitan su conducta.

El elenco, compuesto por Pablo Lenes, Carolina Beltrán, Gabriela Vásquez y Gabriel Sánchez, hace todo lo posible por hallar el registro des-compuesto de la dramaturgia, en varias escenas logran suspender al espectador en lo grotesco, en lo sublime. La actriz Carolina Beltrán - Nydia- supera la inercia inicial hallando a medio tránsito de la obra una clave melodramática, a veces desaforada, que colabora en serio con la tensión final. El joven Gabriel Sánchez tiene su mejor perfomance hacia la mitad de la pieza, cuando relata su historia, haciendo de partener de Pablo Lenes, quien aparece como el más monótono del grupo. La inclusión del personaje de la paraguayita, tan poco elaborado, molesta más de lo que aporta a la puesta, excepto por la imagen final en que se establece la analogía con la Difunta Correa.

En “El Partener” nos situamos ante la perspectiva conocida de un cuartucho que destila infortunios y desapegos. Un cuartito provisorio, uno más en una escala descendente de lo humano a lo subhumano. Unos pocos elementos adquieren el rango de cosas que guardan el instante, por ejemplo la radio o el poncho. De ese ambiente ruin emerge una belleza abyecta, atractiva e innoble, una emoción que incomoda pero que nos atrapa y secuestra la mirada en busca del instante en que todo puede ser.

La tensión dramática que alcanza Kartún la va construyendo a fuerza de montar y desmontar una imagen sobre otra hasta develar crueldades tan conocidas. Kartún habla del abandono que hay en las herencias, de los apegos que hay que desterrar, de salvajismos a los que nos sometemos, de los sentimientos bastardos acobijados en nuestra identidad. Lo cautivante de la dramaturgia de K está en la construcción de las imágenes, en la riqueza semántica que disparan, en los momentos minimalistas a los que acude para refractar la argentinidad, en la poética que emerge a partir de los instantes abyectos que logra con el devenir de los diálogos.

Y en el compromiso que él mismo tiene con su arte, de ahí que instala en muchas de sus obras “guiños” que exigen una lectura del reverso, una lectura desconfiada que dejaría ver la entretela de su poética. Como en el disenso que instala entre padre e hijo respecto al arte de narrar las leyendas del espectáculo criollo: mientras el padre elige repetir la tradición el chico escribe sus relatos “modernizados” aunque ambos se alimentan de una identidad des-compuesta.

  • Patricia Monserrat Rodríguez
  • Crítica Teatral