Los hacedores del montaje: Jorge Renoldi e innumerable elenco junto a funcionarios que esta vez si pusieron la firma para rescatar del bajo perfil este suceso tan caro a la tradición heroica salteña; el texto del profesor Miguel Angel Cáseres que desde hace años y con diferentes recursos viene difundiendo la historia y la cultura de Salta en ámbitos no académicos.
La recreación se sostuvo cautivante durante la casi hora y media que duró, desafiando el aguacero veraniego que finalmente apuró parte del final del espectáculo.
Si bien la idea escénica tuvo las imágenes y recursos eficaces para abrir las páginas de la historia oficial de la Batalla de Salta a la gente que constituyó la platea la obra no logró despegarse de la habitual fórmula “pan y circo” que caracterizan a las iniciativas culturales oficialistas, que entienden a nuestra historia como un producto más de la oferta.
El texto que sirvió de guión del espectáculo popular conservó la carga poética, algunas imágenes remanidas de lo heroico de los fundadores de la Patria y sobre todo un tono declamatorio, impostado que limitó la versión escénica dilatando la acción sobre todo al principio en el que se interpretaron numerosas danzas de la época con una estructura dramática sin sorpresas.
La participación de las academias de danza tradicional colocó al espectáculo más cercano a lo musical, sobre todo porque lo netamente teatral se fue dilatando para permitir el lucimiento de los clásicos infernales que habían ya obtenido la victoria y se acercaban a la plaza a celebrarla, con más música y baile nativo.
Los actores de esta parte manejaron muy acertadamente sus roles renovando el compromiso con la obra, todos ellos, pertenecientes al Taller de Teatro de la Secretaría de Cultura, lograron sobrellevar momentos de desprolijidades técnicas y la lluvia que se desencadenó en el clímax de la recreación.
Otro acierto que sedujo al espectador fue el inapreciable marco del Cabildo, iluminado y engalanado con los aportes del Teatro Provincial, en cuya explanada se desenvolvieron los participantes estupendamente correctos en el vestuario epocal.
Hay que destacar que un canal abierto filmó en vivo el espectáculo y aportará así a la difusión de la cultura de Salta, a la conservación de la memoria siendo este un gesto que viene repitiéndose ya que hace poco han dado a conocer otras prácticas que nos identifican en lo artístico, como el cine local, por ejemplo.
Si tenemos en cuenta que los presupuestos de la cultura oficial casi no devengan en artistas y eventos locales, ésta es una primera señal- y la celebramos no sin recelos- que podría tener una continuidad importante y una convocatoria creciente al turismo que quedó fascinado por las galanuras, los carruajes de antaño, los cautivantes y viriles infernales y el despliegue de fuegos artificiales que cerró la producción.
Si pensamos en la Fiesta de Vendimia mendocina que reditúa en trabajo para los centenares de actores que contrata para sus aperturas y difusión al mundo del evento, o en la Pascua tucumana o los prestigiosos espectáculos al aire libre que convoca Bs As o Córdoba para su festivales veraniegos, ésta podría ser una clara “pica en Flandes”, una prueba de la competencia escénica de creadores salteños que ha sido superada para el beneficio de la promoción de la provincia, para el desempeño actoral y folclórico de los incontables trabajadores de la cultura que tenemos, para la instalación de algo de la tradición histórica que rescata la gesta belgraniana, y sobre todo que permite el desarrollo del teatro popular que seguramente poco a poco podrá irse despojando de “lo festivo” para proponer más criticidad e inquietud en las propuestas.
