“Pocos pueden tocar tango”

Jueves 6 de agosto de 2015  

El bandoneonisa salteño Dino Saluzzi tras completar una gira por Europa, territorio donde maceró buena parte de su recorrido musical, lejos de su Campo Santo natal, reapareció en la escena argentina para inaugurar un ciclo de conciertos en Café Vinilo de Buenos Aires. Hasta el domingo, el músico en vivo interpela las formas de aproximación posible al hecho artístico.

Dino Saluzzi y el hecho artistico

A los 80 años, el notable músico sube al escenario casi exclusivamente con músicos de su estirpe familiar. En este caso, Félix Saluzzi (saxo, clarinete), José Saluzzi (guitarra), Matías Saluzzi (bajo), Jorge Salverón (batería y percusión). Ha buscado en el temperamento de las afinidades personales la condición de posibilidad de la libertad estética.

“Hay pocos que pueden tocar tango”, dispara desde el escenario. No señala jerarquías ni gustos. Sino la forma de interpretar y crear sobre las estructuras fijas del pentagrama.

“Esta música no está en la partitura, en la estructura, en el solfeo; todo eso ayuda a encontrar la música pero no es la música. La música necesita libertad”, sentenció el bandoneonista a poco de comenzar el concierto y a modo de prólogo de una respuesta que entregó, ya sin palabras, con su bandoneón y su quinteto.

Tras su experiencia en salas de concierto de Alemania, Suiza, Francia, Italia, Bélgica y Turquía, en algunos casos en colaboración con la chelista alemana Anja Lechner, Saluzzi retomó su agenda porteña con un repertorio que, de algún modo, lleva una cita implícita a ese recorrido, y que combinó obras de su último álbum, “El valle de la infancia”, inédito en la Argentina, con composiciones redescubiertas en el periplo europeo.

A veces en diálogo con el público, a veces por pulso propio, el bandoneonista persistió en poner en entredicho el sentido común de la industria musical. Las ideas de lo culto, lo popular y las formas directas o elípticas de abordar la tradición de la música argentina se pusieron en escena una y otra vez.

“Para qué uno sale de su casa: para hacer una función o para ser libre”, preguntó, de modo retórico, alguna vez. Así explica las formas que asume su repertorio, lejos de las repeticiones de las casas de música del tango y el folclor. “Todo el mundo puede tocar un tango, pero la cuestión es cómo. Uno puede ayudar o puede destruir el asunto”, planteó en la previa del concierto.

“Nunca se debería tocar como dice la partitura. Por eso es importante la claridad de cada músico, su mensaje, su carga... sin embargo, hay situaciones sociales que tienden a uniformar los contenidos y ahí se pierde el potencial de cada uno”, aseguró.

“Yo peleo por convencer, por estar consciente de la responsabilidad de ser el representante de un tipo de cultura. Y eso acá en muy difícil. Hay poca claridad en ese sentido. Todo lo demás es absolutamente pasajero”.