Jorge Winter

Paralelo

Viernes 15 de julio de 2005  

Un grupo de periodistas profesionales abandonaron sus cátedras en la Escuela de Periodismo de la Universidad Internacional de la Florida (FIU), en Estados Unidos, debido al "abandono de postulados periodísticos básicos" y a las continuas "concesiones ante presiones políticas", por parte de los nuevos administradores en menoscabo de los estudiantes. Es inevitable la comparación con el periodismo salteño, particularmente con los periodistas de El Tribuno, cuyo profesionalismo ha mantenido viva la llama del periodismo sin censuras desde 1983, cuando los propietarios del periódico comenzaron sus incursiones en el palpitante mundo de la política provinciana.

JPEG - 13.6 KB
Jorge Winter, periodista salteño radicado en EE.UU.

Los periodistas estadounidenses renunciaron tras el alejamiento del decano J. Arthur Heise, quien a partir de 1983 había convertido la Escuela de Periodismo de la FIU en un prestigioso bastión del periodismo profesional, a la altura de la Universidad de Columbia en Nueva York, de la Universidad de Stanford en California o de la Universidad Católica de Salta.
Tras veinte años de liderazgo de Heise, la Escuela de Periodismo era imitada por las de otras universidades, la FIU ofrecía la primera maestría en Periodismo en idioma español de los Estados Unidos y de sus claustros habían egresado varios ganadores de premios Pulitzer.

En El Tribuno, del mismo modo, las legendarias gestiones periodísticas de Juan Carlos Romero a mediados de la década de los ochenta y luego de su hermano, Roberto Eduardo Romero en la de los noventa, han cimentado la calidad editorial del periódico. Apoyándose consecutivamente en periodistas magistrales de la talla de Juan Guillermo Gonza (sub-director), Jorge Villazón (jefe de Redacción) y Bernardo Rabinowicz (jefe de Redacción), los Romero han mantenido a raya, por más de dos décadas, los impulsos políticos que podrían haber infectado de parcialidad al diario y simultáneamente, han contribuido a la formación de una nueva generación de periodistas con criterio independiente, respeto innato por las instituciones democráticas existentes en un estado de derecho e imbuidos de una voluntad investigativa sin límites ni precedentes, que ha trascendido las fronteras del país.

Los colegas estadounidenses renunciantes aducen que la nueva decana de la Escuela de Periodismo, Lilian Lodge Kopenhaver, rodeada de un grupo de académicos sin experiencia práctica, "han abandonado el compromiso de Heise con la calidad periodística" y además, "han sucumbido a las presiones políticas en la censura de los estudiantes".
El último en aporrear el escritorio y salir con un portazo de la FIU es Kevin Hall, director del programa de Periodismo Gráfico y editor de Tropic, la revista dominical del Miami Herald, quien acusa a la nueva gestión de la Escuela de Periodismo de "haber compilado en poco tiempo una pavorosa cantidad de debilidades que revierten décadas de fuertes logros" en materia periodística. "No puedo continuar enseñando periodismo dotado de principios y seriedad profesional -dice Hall en su carta de renuncia- en un entorno que muestra tan poco respeto por las necesidades de los estudiantes de periodismo, o por la discusión abierta y honesta de puntos de vista diferentes".

Pocos asuntos recibieron tratamiento periodístico más dispar en 1984 que la desaparición de personas en Salta durante la dictadura de la junta militar. El tema fue informado, tratado, analizado e intrincado hasta el cansancio, con escasos resultados. Pocos recuerdan, empero, que el entonces director de El Tribuno, Juan Carlos Romero, fue un encendido defensor de la publicación irrestricta de noticias relacionadas con la desaparición de personas, aún en menoscabo de los intereses políticos de su familia. Romero mantuvo viva la llama de la objetividad periodística hasta el punto de enfrentarse con el entonces juez federal Ricardo Lona, mencionado por supuesto conocimiento en denuncias efectuadas por grupos defensores de los derechos humanos. Debido a su competencia en asuntos electorales, por aquel entonces era inminente el fallo de Lona en cuestiones partidarias que dificultaban el control del Partido Justicialista por parte del fallecido gobernador constitucional Roberto Romero. El criterio periodístico de Juan Carlos Romero imperó por sobre las circunstancias políticas: El Tribuno publicaría las denuncias contra Lona sin censuras, reparos ni reservas.

A mediados de 1984, el entonces gobernador Roberto Romero, convocó a un grupo de periodistas de El Tribuno a una comida en la residencia de la calle Dean Funes. El motivo de la invitación era inusitado: el gobernador estaba preocupado por la creciente presión de dirigentes del Partido Justicialista inclinados hacia la "peronización" del diario El Tribuno.
El desenlace de la convocatoria fue previsible: tanto Romero como el entonces sub-director Juan Guillermo Gonza, rechazaron de plano las solicitudes de publicación de artículos laudatorios del "Día de la Lealtad", de gloriosos perfiles biográficos de Juan Domingo y de Evita Perón y de otras simbologías peronistas de moda por esos días. El Tribuno -aclararon ambos en beneficio de los periodistas presentes-, continuaría con su línea editorial independiente, sanamente alejada de los avatares políticos y partidarios, exclusivamente dedicado a la defensa de los intereses del pueblo de Salta.

Los lectores de El Tribuno, desafortunadamente, no interpretaron con idéntica objetividad las intenciones editoriales de Romero y Gonza; la venta de ejemplares de El Tribuno descendió a niveles alarmantes. Con dolor de padre, el gobernador solicitó y obtuvo la renuncia del periodista. Gonza se retiró del periodismo para incursionar en la arena política, dónde su gestión en la Secretaría de Estado de Municipalidades le mereció dosis de incomprensión mayores a las recibidas en el transcurso de su fallida carrera periodística.

Otros renunciantes de la Escuela de Periodismo son Mike McQueen, conocido escritor y editor de USA Today y del Miami Herald, quien renunció cómo cabeza del Departamento de Periodismo radial y televisivo de la FIU tras habérsele negado estabilidad porque carece de un doctorado, y Charles Green, director del centro de Medios Internacionales, quien citó cómo uno de los motivos de su alejamiento "un cambio en la calidad de las publicaciones" de la escuela.
La decana Kopenhaver, por su parte, aduce que los periodistas abandonaron sus cargos debido a que "la actividad periodística nunca salió de su sangre" y también porque "están cansados de las demandas del trabajo" académico. La facultad está en el proceso de contratación de "distinguidos" miembros "con saludable experiencia editorial" para reemplazarlos, añade la señora.

Una situación similar afrontó El Tribuno en la década de los ochenta, cuando Roberto Eduardo Romero comenzó a interesarse por la empresa periodística y el ignoto periodista Jorge Villazón ocupó el despacho desierto de Gonza, abocado ahora a los asuntos municipales. Villazón carecía de títulos académicos, pero del mismo modo que Gonza, había suplido la falta de una educación universitaria con abundante experiencia, política y conversacional. Villazón, además, había convertido a Salta en su santuario periodístico, en un refugio alejado de la crueldad política metódica de la provincia de Buenos Aires. En Salta, su voz sonaba más poderosa y su amor por el periodismo remunerativo estaba dotado de más brillo. "Tito" Romero vio y aprovechó la oportunidad: Jorge Villazón sucedió a Gonza en la dirección periodística de El Tribuno, si no con el mismo brillo, con más pasión por la realidad, que al final es la única verdad.
La realidad golpeó duramente a Villazón, en cuyo favor debe decirse que jamás cejó en sus intentos frívolos de evitar una acumulación amorfa de noticias irrelevantes en las páginas de El Tribuno, mediante los cuales fracasaba, permanentemente, en el disimulo de la correspondencia inocultable del periódico con el gobierno provincial.

Unidos frente a la frustración generada por la incomprensión de los lectores, "Tito" Romero y Jorge Villazón, con asistencia periodística experta de Emilio Marcelo Cantarero, lucharon denodadamente por el mantenimiento de la independencia editorial de El Tribuno, cuyas ventas en el territorio provincial descendieron a niveles más bajos que los registrados durante la gestión brillante -por analogía- de Juan Guillermo Gonza. Dolorosos meses después, Villazón había perdido la batalla; de su gestión periodística objetiva, de su honestidad absoluta, de su carencia de compromisos políticos, solamente había sobrevivido la amistad inalterable con "Tito" Romero, quien astutamente y para demostrarle reconocimiento, decidió reemplazarlo con un personaje recién surgido en el periodismo salteño: Bernardo Rabinowicz, sombrío jefe de Noticias Locales de El Tribuno.

Los títulos universitarios de Rabinowicz eran pocos, pero distinguidos: hablaba habitualmente con Luis Adolfo "Obiche" Saravia y con Juan Carlos Romero -quienes sí los poseían, ambos son doctores reconocidos- y discutía durante horas distintos enfoques periodísticos con Villazón, quien por su trayectoria periodística decía haber recibido una mención honoraria de la Universidad Abierta de París, la misma dónde se había graduado Daniel Isa, primer ministro de Gobierno, Justicia y Educación del gabinete de Roberto Romero.

Preocupa a los estudiantes de Periodismo de la FIU, por su parte, la que consideran "una pérdida de prestigio" de la otrora afamada escuela, similar al infame descrédito en que está sumido El Tribuno desde el inicio de la gestión formal de Rabinowicz en 1995. "Mucha gente observa con preocupación el descenso en la calidad académica en la Escuela de Periodismo", advierte Harry Coleman, editor en jefe del Beacon, un periódico escrito por los estudiantes.

El periodista Kevin Hall coincide con la preocupación estudiantil y recuerda que la nueva decana dispuso la remoción de tres artículos periodísticos del sitio de Internet "FusedOnline.com", administrado por estudiantes, tras considerarlos "de mal gusto". Los artículos incluían el perfil de un vendedor de favores carnales en South Beach, la historia de un estudiante de honor adicto a la heroína y otro titulado "Ayúdenme, soy ninfómana".

"La influencia negativa de individuos o grupos sobre material publicado por la Escuela de Periodismo es una mala cosa para enseñar a los estudiantes; envía a los estudiantes y a la comunidad el mensaje equivocado", dice Hall.
Aún cuando él no lo sabe, Hall cuenta con un aliado poderoso en Rabinowicz, jefe de Redacción de El Tribuno, quien en diez años de gestión ha demostrado la posible convivencia exitosa de política y periodismo. El mantenimiento de este delicado equilibrio, cuando la cabeza del gobierno y del medio de comunicación más poderoso de la provincia pertenecen a la misma persona, sólo es posible con honestidad e integridad absolutas de las partes involucradas.

Tanto Juan Carlos Romero -el gobernador- como Roberto "Tito" Romero -el director del diario-, respetan las decisiones editoriales de Rabinowicz, e inclusive han ocultado su frustración natural en las innumerables oportunidades durante las cuales investigaciones periodísticas de El Tribuno pusieron fin a las andanzas de funcionarios públicos desleales. Los Romero no solamente respetan el desempeño periodístico de Rabinowicz, también lo impulsan y protegen, extendiéndolo a los miembros de los otros poderes del Estado.

Años atrás, la publicación en El Tribuno de los detalles de una conversación acerca de pagos clandestinos entre el juez de Corte Luis Adolfo "Obiche" Saravia y el ministro de Economía de la provincia de Salta, Emilio Marcelo Cantarero, puso fin a las carreras de ambos.

Decenas de diputados, senadores, jueces, funcionarios e inclusive, empleados de las empresas privadas de los Romero, envueltos personalmente, o a través de familiares, involucrados indirectamente en hechos delictivos o irregulares, han acudido a Rabinowicz y a los Romero en busca de "protección", "anonimato" o "apoyo" periodístico para sus casos.
Han chocado, siempre, contra una pared indestructible de honestidad e integridad; las noticias que los mencionan han sido invariablemente tratadas con objetividad, profundidad y recato profesionales, no con el amiguismo hipócrita con que algunos medios de comunicación adulan a los poderosos y reservan para los dirigentes políticos.

Más recientemente, quien escribe estas líneas y otros periodistas denunciamos al activo coordinador de Prensa y Difusión del Gobierno de Salta, Alfredo "Freddy" Petrón, por irregularidades en el cumplimiento de sus funciones. _ Solamente dos periódicos, El Tribuno y el Semanario Cuarto Poder, publicaron artículos veraces y objetivos durante la instrucción de las causas. Petrón abandonó el cargo y nunca fue visto nuevamente rondando los pasillos de la Casa de Gobierno con su portafolio repleto de órdenes de publicidad.

Lo mismo dicen los integrantes del equipo de periodistas de El Tribuno: la labor de investigación incesante, de publicaciones irrestrictas en un ambiente de respeto y libertad responsable, el estado de motivación permanente, no serían posibles sin el apoyo, cabal y consistente, de Rabinowicz y de los Romero.

En la Redacción de El Tribuno, ellos representan faros de luz en la oscuridad, son los periodistas de referencia honestos y resueltos, siempre provistos con las soluciones adecuadas a las situaciones más complejas, alineados con integridad y respeto en defensa del trabajo de su equipo periodístico.

La decana de la Escuela de Periodismo de la FIU, Lilian Lodge Kopenhaver, debería considerar seriamente la posibilidad de un aprendizaje en la Redacción de El Tribuno, donde, a juzgar por las declaraciones del claustro, recibiría necesarias lecciones de respeto y tolerancia por diferentes puntos de vista; al menos, la señora Kopenhaver debería considerar el establecimiento de un sistema permanente de consultas y asesoramiento con los periodistas salteños de El Tribuno, quienes bajo la estoica supervisión de Rabinowicz son justos merecedores de reconocimiento internacional.


- Las menciones de la Escuela de Periodismo de Florida International University (FIU), de sus estudiantes y miembros del claustro docente, fueron extraídas y traducidas al español del artículo "Newsroom or classroom?", de Edmund Newton, publicado en la edición del Miami New Times de Junio 9 al 15, 2005.
Las alusiones a gobernantes y funcionarios de la provincia de Salta y al diario El Tribuno, sus directivos y periodistas, incumben déspotamente a la forma en que los hechos pudieron haber ocurrido -y sus protagonistas debieron haber obrado-.
Excepto los relacionados con la FIU, los episodios descriptos obscenamente ocurrieron de modo diametralmente opuesto.