Para confiar en el teatro salteño

Elisa Moyano

Miércoles 13 de junio de 2012  

La notable puesta en escena de Todos queremos ser Don Juan dirigida por Idangel Betancourt a partir de su adaptación y modernización de la célebre obra Don Juan de Molière, deja al público con palabras, es decir, con ganas de hablar de ella a todos los que quieran oírlo.

Se despide "Todos queremos ser don Juan"

  • Últimas dos funciones: En el teatro de la Fundación Salta viernes 15 y sábado 16 de junio. Horario: 22 horas. Valor de la entrada: $50. Anticipadas en el teatro: 20% de descuento.

Las actuaciones demuestran un trabajo profesional al que debemos comenzar a acostumbrarnos los salteños con este “Teatro estable”. Esta compañía presenta una puesta diferente en el contexto de la producción teatral salteña, con todos los condimentos, como las obras que, ávidos, consumimos cuando se traen desde Buenos Aires. No dejemos de verla en estos días, sus juegos con el espacio y lo audiovisual completan largamente su atractivo.

Así como Idangel se basa en la obra del francés Jean Baptiste Poquelin (cuyo seudónimo era Molière), y éste escribió la suya basándose en El burlador de Sevilla de Tirso de Molina, todos lo hacen a partir de un arquetipo, el varón seductor y libertino, textualizado innumerables veces por la literatura y la cinematografía, ese que en la vida diaria mencionamos con la frase “es un don Juan”.

Pero si el personaje es un arquetipo muy reiterado ¿en qué se cifra la diferencia del don Juan de Betancourt con los otros? Ya desde el título tenemos un atisbo sospechoso: la condición donjuanesca aparece como una apetencia de todos, varones y mujeres, y, a través de la primera persona del plural, el título parece realmente incluirnos a todos.

Estos Juanes (pues aquí son muchos) son absolutamente diferentes al arquetipo que era un varón joven, cuyos atractivos físicos le permitían pasar de los palacios a las villas seduciendo a las damas y a las plebeyas para abandonarlas inmediatamente. Aquí tenemos vetustos, femeninos y afeminados juanes que el destino (representado por un personaje actriz que teje una tela, una viejita impecable encarnada por Elvecia López) y el propio Poquelin desde un video que interactúa de a ratos, se encargan de desenmascarar como falsos.

Muchos son los fragmentos de la obra de Molière que el espectador reconoce; cada uno de ellos representado con maestría por uno de los cuatro juanes, quienes están acompañados por distintos actores que van representando a las distintas damas y campesinas (muy acriolladas por cierto) y a sus enardecidos parientes. Luego de actuar (o antes de hacerlo) los actores se sientan a ambos lados de la escena y realizan la función del coro en la tragedia griega: van expresando su posición ante los hechos aunque sea con un largo suspiro.

Sganarelle, el criado de todos los juanes, interpretado por Luis Caram, es un capítulo aparte, brilla como todos, pero es el personaje que no abandona el escenario, que sufre por las tropelías de su(s) amo(s) y que nos hace reír, de a ratos.

Actúan: Rosana Toledo, Mariano Madrazo, Miguel Colán, Rafael Amado, Pastor Hidalgo, Ana Carolina Beltrán, Liliana Carola de La Fuente, Javier De Zuani, Esteban Chilo, Gabriel Sánchez, Noelia Gana, Valentina Lecuona, Elvecia Elizabeth López y Luis Caram. Realización escenográfica: Alexander Guerra. Asistencia de dirección: Miguel Astudillo. Dirección de Arte: Luis Caram. Dirección Audiovisual: Juan Carlos Sarapura. Dirección general y dramaturgia: Idangel Betancourt.

  • Elisa Moyano
    Escritora
  • Fotos: Isidoro Zang

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