Esas viejas ordas ricoteras

No hay más Indio para nadie!

José Acho

Martes 14 de marzo de 2017  

Entiendo que mucho periodismo hoy toca el tema “recital del Indio” desde afuera. La verdad es que yo no me animé a opinar porque esto es un fenómeno único en el mundo y no se puede analizar superficialmente solo como un hecho organizativo o judicial, a partir de dos muertes.

Lo considero demasiado complicado aun para el periodismo especializado del rock. El fenómeno ricotero sería más apropiado se analizado por antropólogos o sociólogos, más que de opinólogos, políticos aportunistas o de la patria panélistica.

Es claro que hay a partir de dos muertes, hay responsabilidades, en la organización, en el Intendente, la política, la policía, el Indio o de quien sea imputado por este delito de dos muertos. Y como de cajón, no se puede dejar de lado en todo esto a la “corrupción”.

Me animo a advertir algo más no se tuvo cuenta o que muy pocos ha desmenuzado. Los que conocemos los recitales por adentro, sabemos que este fenómeno único no es solo el Indio, sino también su público ricotero. Partiendo de una increíble masividad y por sus características, les aseguro la sacamos barata. Podía haber sido mucho peor.

Un intendente, un funcionarios no conocen no toman en cuenta que es público anormal (así con todas las letras). Y aquí es donde comete ese grueso error de generalizar. No es un público común. No son solo fanáticos o apasionados como muchos otros.

Sus características son excepcionales. Hay una masa crítica en el público ricotero que a lo largo de los años se convirtió en irresponsable, mimado, caprichoso y anárquico e incluso con más poder que su ídolo. Y es lo que no estamos tomando en cuenta. No es cualquier público. Y para dar un punto de vista, había que leer o indagar un poco en su historia.

Desde sus los primeros éxitos “under” de los Redondos (1976-1982), su propio público los puso varias veces entre la espada y la pared. Y lo siguen haciendo desde esa época con el Indio. Esa masa crítica siempre tuvo un cupo de entradas "extra" gratis. Son como los familiares del de la movida ricotera. Nadie los puede detener en la puerta. Nadie los hace enojar. Los de seguridad son especialmente entrenados en cada recital para saber cómo tratarlos.

Todos en la producción, incluso el propio Indio sabe que si los hacen enojar o no los dejan entrar, rompen todo, destrozan todo y toda medida que se tome puede ser para peor. Así de grave es la cosa. ¿Alguien sabe porqué no hay policías dentro o cerca de sus recitales?

Si no saben esto que siempre fue una condición elemental para que el Indio toque en alguna parte, ese panelismo que se pregunta ¿dónde está la policía? está meando fuera del tarro. La producción lo sabe, el Indio lo sabe, todos los que organizan lo saben, porque está en el contrato.

Y este pacto se viene cumpliendo desde que el Indio es solista (1986). Estoy seguro que mucho de ese panelismo cree que lo de "ritual", lo de "misa", "liturgia", "peregrinación" y hasta el "pogo más grande del mundo", son frases hechas para el marketing.

Lo que entiendo cuando el Indio dijo: "no le crean al periodismo que vende pescado podrido". A estos se refiere. A unos por llenar espacios y horas; otros 24 horas en “cadena nacional” por el mezquinos intereses políticos.

Gente, esto que pasa con el público del Indio, es el génesis rock. Es el último bastión, lo último que queda del rock, verdadero rock. Hay una tradición arraigada atrás de todo esto. Hay una cultura que hasta unas horas antes de la noche del multitudinario sábado 11 de marzo, todo era fiesta y liturgia y mística, pero se se les fue de las manos.

Desde que soy adolescente voy a los recitales de rock. Fui a varios del indio. Siempre hubo pogo, avalanchas y en medio de una multitud, hubo niños en cochecitos, bebés en brazos, chicos a cococho. La liturgia es que todos se cagan de frío, de hambre. Se quedan a pata, peregrinan, se pierden, van sin un mango, duermen en la calle, se toman todo, se dan con todo… ¡Siempre!

Y nunca todo esto que se viene dando desde el ‘76 y luego desde el ’82, fue tan grave como hasta ahora. Y creo que hasta aquí llegaron. Algo esta vez se rompió. Y en todo esto tiene mucho que ver también esa masa crítica ultraricotera; con su manejo irresponsable, cada vez más caprichoso, malacostumbrado y que ahora, con todo el público que año a año se suma, se volvió incontrolable para cualquier intendente, provincia y países.

Luego de dos muertes no se cual es la solución. Esto es apenas una teoría de una pata de un gran problema, masivo, inédito e histórico. Hasta no resolver este enorme enigma, un fenómeno en toda su dimensión, hay que hacer un punto final. Por lo que me temo, de aquí en más, no hay más indio para nadie!

  • José Acho
    info@calchaquimix.com.ar

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