La función de jurado nacional que hasta hace poco estuve desempeñando para el INT tiene entre sus ventajas la posibilidad de conocer muy de cerca y seguir el trabajo de los hacedores del teatro de la región y nacional. Antes de serlo, mis intereses ya me habían conducido al interesante y diverso teatro jujeño. Y allí, al de El Peregrino Teatro, grupo que ha venido desempeñando su labor teatral desde hace casi ocho años. Integrado por el actor y director Fernando Balderacchi y la versátil actriz Patricia Lubel, ambos creadores porteños ya radicados profesionalmente en Jujuy.
Entre los créditos del grupo hay que destacar que sus trabajos permanecen varios años en cartelera, que el grupo ha tenido un crecimiento constante en sus producciones y que ambos integrantes participan activamente de la vida teatral en la capital jujeña. Entre sus trabajos más relevantes se hallan el show para chicos: La gaviota; Marathon; Nancy Cow, El nombre (unipersonal de Griselda Gambaro que ha recibido múltiples distinciones por parte del INT y de Consejo Federal de Inversiones), luego Soy Antígona versión multimedia de Balderracchi de la tragedia clásica de Sófocles; una búsqueda muy interesante resultante del trabajo con Luis Cano Princesa de cuento Frágil Pérdida, en el que se invertía el cuento de hadas hacia lo siniestro, El super agente ecológico pieza educativa que editó Argentores en 2007 y su última producción exitosa fue la comedia No bailamos tango, obra polémica que incorpora a la actriz Cristina del Valle Tula, funcionaria de la cultura jujeña.
En agosto de 2006 la obra Soy Antígona ya se había presentado en Salta, con poco público aquella vez. Esta oportunidad la obra llega en el marco de los festejos de los 20 años con el teatro del Grupo Espejo a la sala del Teatro Auditórium de calle Belgrano 1349. Reproduzco partes de mi escrito de aquel agosto para el programa radial La butaca:
Esta vez y después de haber explotado al máximo sus últimas producciones- premiadas y reconocidas a nivel nacional- El Peregrino retoma una tragedia clásica de gran calibre como Antígona . En la historia de Sófocles se realza la valentía y humanidad de Antígona que desobedece el mandato de su padre – el rey Creonte- para dar sepultura a su hermano Polinices, muerto en situación desventajosa. Por este gesto de humanidad hacia el de su sangre, la heroína debe afrontar la muerte de mano de su padre, que despliega contra ella toda su autoridad y perversión, convirtiéndola en ejemplo de la resistencia y de la piedad.
La versión de Balderacchi manifiesta con dignidad el código contemporáneo y sale airosa con la idea de la puesta en escena. Ésta exige un abanico de personajes, todos compuestos por Lubel, en un juego sutilmente trabajado y que deja, por supuesto, algunos perfiles mejor delineados que otros. Sabrosa, dulce e imponente Antígona , sobrio y bien trabajado Creonte y Tiresias.
La escenografía se limita a lo necesario y simbólico; el peso de la obra se deposita sobre todo en la actuación y el texto. La banda sonora delata un gusto musical exigente y podría decirse que las debilidades de la puesta están en los climas desaprovechados. Cabe acotar que traer al siglo XXI una tragedia tan paradigmática como ésta requiere de un espectador entrenado e interesado en el traslado de las ideas y emociones de la tragedia clásica al código estético de Balderacchi y entorno actual.
La obra se apoya en el final con imágenes del terror y abusos del hombre en contra del hombre – las guerras de Alemania, Irak, Japón, Corea, Vietnam, Cuba, Argentina…. son tantas las expresiones de crueldad e intolerancia que la muestra resulta un poco incómoda y se sitúa en un discurso alegórico desde varios lugares. Hurgar el pasado de los pueblos tiene que servir para armar un proyecto de futuro común, donde todos los ciudadanos tengan un lugar acorde a sus méritos.
El unipersonal incluye la proyección del llamado a la paz de John Lennon, que sabemos utópico en la especie humana y el conmovedor himno genera la nostalgia y la esperanza.
La obra cierra con un clima muy bien logrado y apoyado con recursos escénicos, que se corporiza en el silencio que se impone condoliente en la sala. Las velas encendidas son una forma de reclamo y son congoja. La heroína que llevada a la muerte sigue defendiendo su causa nos señala las víctimas de los múltiples holocaustos y genocidios de los que hemos sido protagonistas principales, actores de reparto o simples extras de la escena. Cada uno sabrá su mérito de luz o de sombra.
En otra clave absolutamente distante de la tragedia El Peregrino Teatro presentó el año pasado No bailamos tango de Mónica Salerno, multipremiada dramaturga porteña. En tono de farsa, melodrama y con rasgos del grotesco por momentos las actrices mantienen al espectador atento y cautivado la mayor parte de la obra.
Sobre todo al espectador femenino por la desfachatez con que se monta la escena dentro de la escena. Marga y Esteban recibirán la visita de Agustina, una amiga que regresa a Jujuy y como en un diván psicoanalítico las dos amigas entran a ver todo lo que no lograron en sus vidas, siempre riéndose de ello e intentando sostener una farsa que se va cayendo en sus narices como maquillaje de cuarta.
La obra aborda el discurso femenino y la vida de los artistas implicando a los actores en un engaño hecho a la vista del público. La fábula está situada en los años pos De la Rúa y hace una corrosiva crítica de la argentinidad, el enunciado No bailamos tango funciona como un manifiesto de aquello que no se desea para este país.
El trabajo cuenta con buenos desempeños actorales de las dos actrices y él como partenaire, una puesta coherente con el planteo del texto, música del recuerdo y el estilo popular que le han dado los hacedores a la producción esta vez.
