Con Pequiné Lamas en primera guitarra, Julio Lamas en guitarra midi y Pablo Arnedo en batería y percusión, Niebla hará un repaso por la obra del autor salteño y Susana Aramayo será la encargada de poner voz a su poesía.
Actuará también el pianista Daniel Tinte, ésta vez acompañado por Rodrigo Rizzitano en el bajo y Pablo Arnedo en batería. Interpretarán zambas y bailecitos del Cuchi -como El hombre del ají, Maturana, Zamba de anta, De estar estando- y algunas composiciones propias de los discos Jazz Calchaquí, Noroeste Piano y un anticipo de su sexto disco.
Este homenaje contará además con la participación de Luis Leguizamón, Walter Ibarra y Raúl Gómez, quien aportará su poesía a la velada.
Actualmente Niebla participa del Ciclo de jazz de Ututo Bar (Ameghino 595) donde se presenta todos los jueves a partir de la medianoche junto a músicos invitados. Mientras que Daniel Tinte se encuentra trabajando en su próximo disco, “Incafonismos”, que presentará a mediados de agosto en nuestra ciudad.
El homenajeado
Nació en Salta el 29 de septiembre de 1917 y nos dejó el 27 de septiembre del 2000. Gustavo Leguizamón fue un brillante pianista pero sobre todo, un compositor riguroso y autodidacta, de sólida formación, que innovó las formas musicales del folklore regional. Desmitificador, lúdicamente irrespetuoso de toda formalidad y de sí mismo, es sin embargo un perfecto caballero criollo. Prefería hablar mucho de la poesía y la música ajena y muy poco de la propia que, sabe, lo convierte quizá en el compositor más talentoso y profundo del noroeste argentino.
Leguizamón defendía insistentemente la formación musical recostada en todo tipo de audición. Escuchaba jazz, especialmente a las cantantes negras como Billy Holliday, Sarah Vaughan, al pianista de jazz Art Tatum a quien consideraba un pianista de gran categoría, al igual que Duke Ellington.
Sumamente estimulado por Alban Berg y Schönberg, (sostenía que él no hubiera podido escribir la Chacarera de la muerte si no hubiera escuchado a Schönberg) consideraba que las recetas de la música con ellos habían estallado pero que ese hecho no debía ser considerado una línea negativa en la cultura. Para Leguizamón no habría líneas negativas en la constitución de la identidad, por el contrario proponía solazarse con esas audiciones para pensar con más libertad la música argentina.
Respecto del folklore asediaba duramente a los que creían que es música documental y más aún los que basados en esa idea deducen que no es posible la innovación. En la música popular todos tendrían derecho a cualquier innovación y la validez de ella estaría en el talento.
La nómina de las obras de proyección folklórica de Gustavo Leguizamón es muy extensa. Tiene registrada en SADAIC (hasta 1987) 82 obras, de las cuales 54 son grabadas y editadas, 26 editadas y 2 grabadas. Buena parte de estas composiciones son ya clásicos del folklore argentino como Zamba del Carnaval, Balderrama, La Pomeña, Zamba de Juan Panadero, Maturana, La Arenosa, la Zamba del Laurel y muchas otras.
