TEATRO

“Nao”, artificio y dramaturgia

Patricia Monserrat Rodríguez

Jueves 21 de junio de 2012  

Pocos grupos de teatro independiente del interior del país han logrado crear “los hilos de plata” para sostener el asombro, la tensión y la ansiedad del espectador como lo han hecho los integrantes de La Faranda Títeres. Ese fenómeno, que hace frontera con un raro fanatismo digno de ser guardado y difundido en una postal, sucedió el último fin de semana en el Salón Auditórium con el estreno de NAO (Nave).

La Faranda en un ensamble casi perfecto

  • La Faranda repone “Nao”. Nueva función el domingo 24 de junio a las 20, en la sala J.C. Dávalos de Casa de la Cultura.

La sala que maneja Ana María Parodi, que ya fue placenta del estreno anterior del grupo, se colmó en escasos minutos de todo clase de público aunque el preludio del espectáculo fue un mar lleno de ojos acezantes que halló su punto de fuga en el escenario. No puede definirse a este fenómeno como fanatismo pero si como el reconocimiento a una larga y delicada labor en la que se trabajó progresivamente con coherencia y conciencia profesional.

Han pasado quince años desde que la pareja Arancibia-Peña partió desde un puerto precario en su búsqueda estética, con la única tripulación de sus muñecos y ahora son dos profesionales respetados, esperados y comprendidos por su público. Tal cosa constituye una “rara avis” en el mercado teatral local, aún más en el ambiente escénico salteño tan proclive a acompañar a profetas de otra tierra. Por esto mismo y otros indicios, NAO habla también de su viaje de iniciación en la profesión que los atraviesa de cabo a rabo. Aunque la obra aborde los avatares de la tripulación española en el descubrimiento de América, cosa que hace y no deja de maravillar al espectador farandesco.

NAO es la clase de barco del que dispuso Colón para el viaje a las Indias, mientras que las otras naves fueron carabelas. Una nao es lo más parecido a un barquito de cáscara de nuez por la forma y estructura del casco. La Faranda recrea con gran verosimilitud una nao imponente como artificio teatral que a la vez transmite la sensación de endeblez ante la mar y lo desconocido. Nuevamente, así como en Fedro, la máquina escénica que emerge del ingenio de los creadores ocupa la memoria sensorial de los espectadores. El diseño mecánico de esta nao desborda las posibilidades de la imaginación y hace peligrar por momentos la atención sobre la dramaturgia. Atrapa, obnubila, ensombrece y recupera la mirada sobre las escenas y episodios por los que deriva la historia. A modo de viaje.

El Diario de Colón y otras fuentes fueron la plataforma histórica en la que Peña y Arancibia investigaron para crear una sucesión de pequeños hechos que construyen el viaje del descubrimiento.

Así se ven los entretelones de la travesía; el desfile de los marineros con las provisiones es la escena más pintoresca de la primera parte ya que da muestra cabal del interés que en su momento habrá generado el incierto viaje colombino. La imagen de la madre que intenta detener al joven Antón de semejante locura refuerza esta lectura. No aporta nada en cambio la escena de las mujeres judías, seguramente se incorporó este microrelato para adoptar una postura políticamente correcta respecto de esta temática. Esta decisión del grupo discrepa con el tono del resto de la producción que si aborda lo ideológico pero desde una perspectiva más inteligente.

Por ejemplo, delegar el protagónico a un personaje coral- la tripulación de la Mari Galante-permite una lectura desafiante ya que invisibiliza la figura del almirante e incluye a todos en la osadía. La fragilidad del navío se fortalece con la temeridad de la tripulación. La convicción del genovés es quebrada por el desánimo progresivo de los marinos, aportando humanidad al emblemático periplo. La tensión se va anudando, construyendo y derribando los ánimos en un devenir que hace picos en escenas como las de la tormenta o la que preludia el avistaje. Estas escenas inscriben lo político en la obra y ponen de manifiesto una mirada crítica y sagaz sobre la historia preconizada del descubrimiento.

Dos nuevos aciertos de la puesta (a mi juicio el segundo es el más cautivante) estuvieron en la eficacia para representar el paso del tiempo y en el remate metateatral. En ellos es donde artificio, dramaturgia y puesta ensamblan de manera casi perfecta.

El humor ha sido el mejor lubricante para esta búsqueda del grupo. El tiempo hace naufragar las esperanzas de la tripulación y crea en la nao un círculo vicioso que culmina en el motín. Todo esto se dice con humor, con ingeniosas pinceladas se recrea todo un ámbito y se genera una sensación de tedio eterno aunque dinámico. Para crear esta idea el aporte de la iluminación y la banda sonora son imprescindibles por su eficacia.

Esta clase de humor es un lenguaje que el grupo ha investigado e incorporado cada vez más a sus productos, les posibilita decir a veces lo indecible, genera una adhesión diferente en el público que los sigue, aliviana el tono declamatorio que sus primeras obras traslucían y sobre todo apuntala un estilo que los va definiendo cada vez más, colocando al grupo en un sitial ambicionado por tantos creadores del teatro independiente.

Lo metateatral (la forma de develar al espectador la naturaleza teatral de lo que ve en escena) es la metáfora de esta puesta, la poesía del trabajo: la escena final representa el descubrimiento y al teatro mismo, las nuevas tierras son el territorio de la platea o sea la numerosa cantidad de ojos y almas que han seguido la puesta maravillándose con los sucesos que la nao traslada. Lo último que ve el espectador es el vientre mismo de la nao, lo último que ven los actores es una oscuridad lentamente iluminada y habitada de la gente que los acompañó en el viaje. La Faranda crea en la metáfora del viaje el encuentro de los únicos dos hacedores del teatro: creadores y público. Un efecto tan sutil que de por si justifica tanta espera.

  • Patricia Monserrat Rodríguez
    Critica teatral.