Para ver el contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player


seguinos en facebook
seguinos en Twitter
Sábado 4 de septiembre de 2010, por Pablo Alejandro Sulic

Orquesta Sinfónica

Nacionalismo musical de alto vuelo

En los siglos XIX y XX, canciones folclóricas, ritmos nativos y mitos heroicos inspiraron a la música europea, pero en algunos casos también dieron expresión a una lucha por la independencia y la libertad.

La Música de alguna manera se hizo eco para relacionar lo popular y lo culto. En Rusia el llamado grupo de los cinco (con Rimsky-Korsakov a la cabeza) se enfrentaba al academicismo del conservatorio de San Petersburgo dirigido por Anton Rubinstein, exigiendo la necesidad de una música de raíces rusas y una ruptura con las normativas estéticas provenientes de París.

Así sin querer, se estaban sentando las bases de una forma de ver la creación musical: no sólo usando materiales provenientes del folklore regional, sino y más especialmente, de una definición de identidad nacional de conjunto; de un modo específico de decir y de sentir la música. Glinka escribe a los diez años: "La música representa la totalidad de mi alma".

La obertura de Ruslan y Ludmila es un buen ejemplo de lo anteriormente dicho. La obra tuvo vuelo, frescura, ritmo y cristalina orquestación. La música, maravillosamente bella, sugerente y suntuosa de Kachaturian tiene características que la hacen única. Una vez que la hemos oído es difícil abstraerse a su hipnótico poder. Por caso, el Vals en tono menor que abre la suite y que tiene fuertes connotaciones pesimistas y trasluce gran inquietud.

La orquesta logró contrastes y matices ricos en la mayoría de los números y se sintió cómoda. Su música es robusta, natural y simple. Exhaló ritmo y vitalidad por todos sus poros intoxicándonos con sus melodías almibaradas y sensuales. La Novena Sinfonía de Shostakovich estaba programada para la segunda parte del concierto. Noche fría y de poco publico, será el programa que no es muy conocido, será la rutina que transforma toda novedad en algo previsible, demasiados espectáculos para el público de Salta, lo cierto es que el único público fiel son los alumnos de la Escuela de Música, de las Orquestas Juveniles, del Mozarteum y algunos seguidores aislados más.

Esta sinfonía recuerda al brillante Prokofiev de su Sinfonía Clásica, articulada, transparente y sin disonancias. Así la dibujó la Orquesta de Salta. Con stacattos crispados, atléticos cambios de texturas y matices. Atinado el piccolo. La lánguida melodía del clarinete del segundo movimiento fue traducida con hondo sentimiento, describiendo un inspirado arco que nos recuerda una música de cámara y no una orquesta del siglo XX.

El tercer movimiento tuvo sabor a comedia, interrumpida por proclamaciones de trombones y tuba siempre afinados. Hay luego un largo soliloquio del fagot, de los más largos en la literatura sinfónica, que Karina Moran siempre resuelve con solvencia. Luego el compositor nos shockea con un cambio del más hondo pathos al juego mas alegre, es la moraleja que nos deja Shostakovich, la vida nos sorprende en medio de la alegría con lágrimas y en la mas desoladora tristeza con la Oda a la Alegría.

  • Magister Pablo Alejandro Sulic
    Crítico musical
    Especial para Calchaquimix


rss Creative commonsArgentina

© Copyright 2011, Calchaquimix. Todos los derechos reservados.

Calchaquimix adherido a la Asociación de Periodistas de Salta (APES)

dsn: naturalsoft.com.ar