CONCIERTO

Mayor química entre Lhez y la Sinfónica

Pablo Alejandro Sulic

Miércoles 2 de mayo de 2012  

Todo acercamiento a la música de Brahms debe ser hecho desde un visión artística muy peculiar, que mezcla un profundo y sincero romanticismo inserto en estructuras netamente clásicas, que fuerzan a la música a ser directa y concisa, como las restricciones que pueden darle a una poesía la métrica impuesta. Su música establece un modo de expresión que exige del oyente despojo total de ideas preconcebidas, es pura ficción, como una novela con caracteres, personajes y un drama propio, que tiene un nudo, desarrollo y final, con capítulos y gestos que van discurriendo en el tiempo, un drama que cuenta su propia historia en música, fuera de cualquier ficción que podamos imaginar.

  • Concierto de la Orquesta Sinfónica de Sata. Lunes 30 de abril, a las 21.30, bajo la dirección de Jorge Lhez y con el pianista Joaquín Panisse como solista invitado. Repertorio: Brahms Sinfonía Nº 1. Rachmaninov Concierto para piano y orquesta Nº 2.

El maestro Lhez y su orquesta demostraron cuanto conocen de esta obra y de esta concepción musical, con una dirección segura, dramática, despojada de manierismos y yendo a la medula musical nos ofreció una versión de alto nivel de la obra. Desde la disonancia que producen los timbales al principio, que demandan toda nuestra atención, creando con las cuerdas una atmosfera ominosa, pesada y turbulenta. Hasta la placidez de las melodías para las maderas. Desde la calma del Andante, con el oboe cantando una inocente melodía que se desarrolla en el corazón del movimiento, hasta el solo de violín de Ana Tarta que sobresale en el registro alto.

El allegretto nos sorprende con una inocente danza, seguida por dos contrastantes secciones.

En el final la vuelta a los timbales con la llamada de los cornos, en una vista embelesada de los Alpes, esta una melodía de las más profundas y agraciadas de toda la literatura sinfónica. Desde el interior de la música aparece una célula perturbadora que se abrirá hacia el final.

Irrevocablemente nos lleva a la coda, salvaje, la culminación de toda la sinfonía, mientras la orquesta abre con la voz del coral de los trombones dándole dignidad al entero pasaje. Excelente los solos de trombones, timbales y maderas. Una obra de soberana técnica, de altísima emoción, elaborado contrapunto y romántico melodismo, que así tal cual, la escuchamos y disfrutamos.

Uno de las portentos de la literatura pianística, el concierto más romántico y exquisito que se ha escrito para piano, uno de los favoritos de todos los tiempos, esto es el segundo de Rachmaninov. El comienzo con la serie de acordes en fa menor en la región más sepulcral del teclado fue la carta de presentación de Panisse, el pianista invitado.

Siete veces oímos el acorde, cada vez con una armonía diferente incrementando el volumen ligeramente. La octava vez, ahora en voz alta el concierto desemboca en do menor. El suspense nos coloca en el filo de nuestros asientos, esperando que la música por fin despegue. Ahora si los remolinos de arpegios y el primer tema ardoroso, uno de los más conmovedores y originales en la literatura pianística.

Rachmanninov declara aquí la supremacía del piano y la codependencia absoluta con la orquesta. Panisse en algunos momentos lo entendió y en otros se dejo avasallar por la situación, en instantes tomó la batuta del concierto y en otras pasó inadvertido. La relación piano-orquesta es inusual dado que la mayoría de las melodías se confían al conjunto orquestal, que respondió bien, mientras el piano tiene un papel decorativo en la textura, con bordados exuberantes, lujosos, de terciopelo y raso en la armonía-melodía.

Pensamos que el piano podría haber tenido un papel más estelar, con mayor éxtasis rapsódico en las pocas ocasiones en que le toca cantar, pero Panisse es joven y tiene una vida artística por delante. Unas palabras para el segundo movimiento, música que tiene una ensoñación profunda y nocturnal y que recién se resuelve en el fogonazo de los acordes pianísticos del final, donde falto mayor substancia.

Un concierto que tuvo todo, una pena que las entradas se agotaran pero los numerosos invitados al teatro no hayan asistido (la sección de pulman estaba con grandes claros) y muchos con interés por escuchar buena música no hayan podido disfrutar del concierto.

Lhez y la Sinfónica tienen cada vez mayor química.

.*Magister Pablo Alejandro Sulic