Las redes sociales y el Medioevo

Martes 18 de noviembre de 2014  

Humberto Eco, autor del libro "El nombre de la Rosa", en debate público, se refirió a algunos efectos de los textos en el cyberespacio. Gracias a las redes sociales, “hoy día muchos textos circulan sin firma, tal cual ocurría en la Edad Media. Hace 600 años no importaba el autor sino la validez de la idea, hecho que puede ser positivo”.

Así, Umberto Eco se refirió durante un debate en Milán al impacto que Twitter, Facebook y las otras redes sociales tienen en la literatura de hoy día. Para el prestigioso pensador y escritor italiano, el punto crítico que presentan los “social network” es precisamente el de la dispersión de la autoría sobre un texto.

Durante un debate con otro conocido autor italiano, Roberto Crotoneo, el creador del “Nombre de la Rosa” indicó otro de los riesgos que la literatura puede correr frente al imparable estallido de las redes sociales.

El problema, señaló Eco, es que estos nuevos instrumentos permiten escribir al infinito: “habría en cambio que depurarse del primer impulso que se siente para escribir: como decía T.S. Eliot, la poesía no es una expresión de la emoción, sino la fuga de ella”.

Ambos escritores hablaron de libros y literatura durante la presentación de la última obra de Cotroneo, cuyo título es “El sueño de escribir” y que habla precisamente de las razones que llevan a la escritura.

“Es un impulso, una forma de manía”, destacó Eco, al comentar una observación de Cotroneo sobre el hecho que para poder escribir sobre un lugar no necesariamente el autor debe visitarlo: “Un autor debe escribir por privación, creando mundos que no posee. No le sirven -precisó Cotroneo- los lugares sino los espacios”.

Durante el encuentro se habló por otra parte de la difusa idea que para escribir bien no hace falta leer mucho: “analizar el estilo de los escritores es muy útil. Y se aprende también de los autores menores”, aseguró en cambio Eco, quien habló también de su experiencia como escritor y de algunos de sus libros.

Eco considera que escribir es ante todo un esfuerzo de la imaginación. “Después de El nombre de la rosa tenía en la cabeza dos ‘flash’ para el libro siguiente. El péndulo de Foucault y un joven que toca la trompeta en el funeral de dos partisanos”. (opositores al nazifasciscmo). Para poder unir estos dos puntos tardé ocho años”.