La deuda cultural con el “Cuchi”

Viernes 19 de septiembre de 2014  

Desde hace décadas, la provincia de Salta y en especial el sector de la cultura oficial, tiene una vieja deuda con Gustavo “Cuchi” Leguizamón, figura enorme de nuestra cultura popular por la genial obra y compromiso que dejó en vida. Al parecer alguien pensó que ya es hora de saldar esa deuda con la edificación de un monumento en pleno centro.

Una ordenanza del Concejo Deliberante podría cubrir en parte el vacío existente desde el fallecimiento del Cuchi Leguizamón, el 27 de septiembre de 2000, dos días antes de cumplir los 83 años. En cuanto al reconocimiento de su inmensa obra, desde la cultura oficial nada se hizo por indagar en su trabajo u honrar su legado. De sus obras grabadas se sabe que del Cuchi quedó apenas el disco “Solo piano”, producido por Manolo Juárez en 1983.

El concejal Tomás Rodríguez, presentó un proyecto de ordenanza que de ser aprobada por el Concejo Deliberante, cubriría en parte los años de olvido y desidia con su obra. El proyecto pide el emplazamiento de un monumento conmemorativo al maestro Gustavo “Cuchi” Leguizamon en el espacio peatonal ubicado frente al tradicional bar “El Farito” en la calle Caseros, donde el creador solía concurrir y reunirse a diario con amigos.

Entre sus argumentos la ordenanza expresa que este tributo sería “una deuda de la cultura popular que empezamos a saldar con Gustavo Leguizamón, quien vivió, escribió e interpretó música fuera del canon de su época, y su aporte, trascendente, acaso impar, obtuvo un reconocimiento tardío, todavía imperfecto”, señala el escrito.

El doctor Leguizamón se destacó en las letras como compositor y poeta, pero también polemista, docente y abogado penalista. Fue creador de prolíficas y bellas obras de la música popular como la “Zamba de Balderrama” que nos identifica plenamente a los salteños.

También Zamba de Juan Panadero, La pomeña, Balderrama, Zamba del silbador, Si llega a ser tucumana, Maturana, Zamba del laurel, Zamba de Argamonte son algunas piezas hoy revalorizadas por una generación de músicos jóvenes que persiguieron su patrimonio musical.

El popular “Cuchi” nació en Salta (Argentina) el 29 de septiembre de 1917. Su primer instrumento fue una quena, luego pasó a la guitarra, el bombo y finalmente se entusiasmó con el piano. A los 20 años sorprendió a su padre, que esperaba que viajara a París para perfeccionarse como músico, cuando le anunció su idea de instalarse en La Plata para estudiar derecho.

Ejerció el litigio durante tres décadas y lo abandonó "cansado de vivir de la discordia humana y vivir de la alegría", conciliándose con el mandato paterno.

A los 25 conoció al poeta Manuel Castilla, el hijo de la estación Cerrillos del ferrocarril salteño, y de esa amistad nació una sociedad que alumbró, por caso, Zamba de Argamonte, Carnavalito del duende o Cartas de amor que se queman, entre tantos títulos.

Fue su más estrecha comunión artística pero no la única: también trabajó en colaboración con Jaime Dávalos, Armando Tejada Gómez, Miguel Ángel Pérez y César Perdiguero. Organizó originales conciertos con campanarios y trenes y fue el director del Dúo Salteño, una formación de vanguardia nacida en 1967 contra la tradición chalchalera y las tendencias que expresaban los conjuntos vocales de los `70.