Los pintores eligen casi siempre estos motivos para pintar la mayoría de sus bodegones y quizás por eso vinculemos esta cocina con preparaciones barrocas, recargadas de productos y con gran parafernalia.
El maíz fueron durante muchos años elementos básicos en nuestra gastronomía y su recetario es interminable aunque desgraciadamente la mayor parte de esa tradición se perdió hace más de un siglo.
Del mismo modo que escribimos como la cocina regional renovada exigía productos autóctonos en sus preparaciones, la cocina de temporada requiere un cierto conocimiento por parte del ama de casa para elegir los artículos de la compra.
Hoy día se puede decir que no hay estaciones para la plaza ya que frutas, verduras y pescados llegan cada día procedentes de cámaras frigoríficas donde se han conservado desde la cosecha anterior.
El otoño tiene días fríos en que ya apetece recogerse en casa y degustar un buen guisote casero, pero también los tiene soleados en los que podemos disfrutar del aire más puro de todo el año y en los que una comida al aire libre puede resultar inolvidable, sobre todo sabiendo que se avecinan muchos meses de encierro invernal.
En la cocina de otoño debemos cuidar el escenario porque es el más cambiante y una comida bien preparada puede deslucirse si es demasiado consistente y el día resulta caluroso, sin embargo plantear una comida campestre puede resultar arriesgado ya que si el día resulta lluvioso, puede fracasarla.
Sin embargo la gran cantidad de productos y este tipo de cocina que vamos a practicar, permiten decidir el menú casi sobre la marcha el mismo día del ágape.
