PRINCESA PERONISTA

La ascensión y caída de Victoria

Patricia Monserrat Rodríguez

Jueves 17 de octubre de 2013  

Nueva obra del Grupo de Investigación Teatral (GIT) “Princesa peronista” con la dirección de Jorge Renoldi y texto del porteño Marcelo Pítrola. Este trabajo señaló el retorno a la dirección de uno de los hacedores que renovaron el teatro de los 90 y de los pocos que siguen aportando sus obras a la cartelera independiente. En 2009 el jurado de la Fiesta Provincial de Teatro destacó algunos rasgos de su poética trabajada en casi treinta años de labor. “Cada cual, cada cual atiende su juego y el que no, y el que no, una prenda dará”.

  • “Princesa peronista” Estrenada en el 3 de agosto. Nueva reposición sábado 19 de octubre a las 21.30, en la Asociación Argentina de Actores (Alvarado 149) Autor: Marcelo Pitrola. Dirección: Jorge Renoldi. Grupo GIT. El elenco: Alfredo Ferrario, Carlos Bonduri y Belén Carballo. Entradas a $30.

Habría que decir que el estilo de Renoldi- más allá de la escasez de iluminación con la que se lo identifica en otros medios- está marcado por el despojamiento de sus puestas, que redirecciona la energía de sus espectáculos en lo actoral, en el espacio atravesado de tensiones y en el efecto discursivo de sus puestas. Este año, ha incursionado nuevamente en un texto de directo contenido político que llamativamente es difundido con la fotografía de un vestido blanco estilo retro, sobre un fondo negro y unos zapatos sensualmente rojos. Como si lo que hubiera quedado del peronismo de los ´50 fuera sólo la cáscara, la prenda sin la figura, sin un cuerpo que lo habite.

Con estos pensamientos hace uno la antesala en la nueva “sala” de la Asociación de Actores (Alvarado 149). La sala reemplaza al espacio que la triple A tenía en la calle Rivadavia y sigue a cargo de Cristina Sánchez, aunque la ubicación -en un pasaje pasillo de un ex conventillo- genera la sensación de ingresar a un subterfugio de otros tiempos. La salita cuenta con lo necesario para pasar un buen rato, facilita la socialización y la infraestructura genera un ámbito especial para las propuestas de pequeño formato. Ahora hace falta que el público la conozca. Esa función del GIT de la noche de un sábado primaveral era para apenas una docena de personas.

Marcelo Pitrola, hijo del dirigente del Partido Obrero, tiene 38 años. Es licenciado en Letras por la UBA. Su formación teatral comenzó con Cristina Banegas y continuó en seminarios con otros maestros como Augusto Fernandes.

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Estudió dramaturgia con Mauricio Kartún. Trabajó como actor en el Teatro Cervantes ("Babilonia" y "El organito" de Armando Discépolo, con dirección de Villanueva Cosse y Hugo Urquijo, en 1995), en el Teatro San Martín ("Luces de Bohemia", con dirección de Villanueva Cosse, en 1999) y en la obra "El Chueco Pintos" de A. Discépolo, con dirección de Diego Rodríguez.

Como dramaturgo, participó en "La pecera" de Ignacio Apolo, estrenada en el Centro Cultural Ricardo Rojas de la UBA. Escribió una versión teatral de "En la colonia penitenciaria" de Kafka, estrenada en 2002 en el teatro El ombligo de la luna.

De su obra Princesa peronista ha dicho: “aquel ideario (peronista) de los orígenes, el que postulaba la independencia económica, la soberanía política y la justicia social se ha diluido. Por eso, creo que el universo discursivo peronista ha quedado como vaciado y roto. Esta afirmación del autor confirma esta hipótesis de la cáscara vacía, del vestido sin cuerpo, del sugestivo zapato sin rumbo que Renoldi tomó como lema para difundir el espectáculo.
Sigue diciendo Pítrola sobre el peronismo: “Ese potente y variado reservorio simbólico, poblado de significantes como “gorilas”, “oligarcas”, “descamisados”, “compañeros”, “proscripción”, ha quedado como un huérfano perdido, convocado parcialmente, de vez en cuando, para animar algún acto” (tomado de entrevista al autor hecha por Cecilia Hopkins en Página 12).

La puesta en escena de Princesa peronista es más que simple, se reduce a un espacio metonímico: un inodoro penoso que implica el baño de segunda en la que Victoria, la princesa peronista con los dos dedos en V- se debate ante sí misma y ante los demás.

“Si queremos extender y extremar la metáfora, también podría pensarse que ese baño sucio y olvidado de la unidad básica es adonde fue a parar ese mítico pasado peronista al que Victoria se remite permanentemente, el de su madre, una de las reinas de los trabajadores de los primeros gobiernos de Perón, y el de su abuelo peronista, que una vez comió ravioles con el general”.

Victoria es la derrota misma: fuera de su ámbito popular, fuera de sí misma por la humillación a la que la somete su querido Martinoti, el candidato que despega para dar el salto; fuera de la lucha misma ante los demás compañeros y compañeras. Presa en el baño de cuarta del subsuelo de la unidad básica donde se carroñea la lista que dará el batacazo, Victoria ve y oye cómo el ataúd del movimiento empieza a heder. Percibe a los muchachos peronistas atendiendo cada cual a su juego.

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Los actores (clic para agrandar)

Martinoti, personaje interpretado por el dramaturgo, locutor y ex funcionario Carlos Bonduri, baja a verla en dos ocasiones. En ambas reprocha a la princesa populista por “haberse quedado en el tiempo”, la objetiviza, la trata de impresentable y la desiguala de las demás señoras del partido, que cumplen su rol sin desairar a los hombres del Perón que se viene. “Martinoti presenta una visión personalista y pragmática de la política y del peronismo: cada dirigente a su juego y con las herramientas que tiene para conseguir poder. Entonces, con estas frases que suenan también un poco huecas, casi como lugares comunes, Martinoti busca callar y desarraigar aún más a Victoria, apagar su constante discurrir sobre las glorias del pasado. Es su forma de sostener el presente partidario y su propio lugar en él” Martinoti es el referente más actual del discurso fragmentado de la dirigencia política, la conocida figura del candidato que dice y promete mientras por bajo de la gran mesa garronea, evade, miente y avergüenza.

Como el inodoro de Martinoti aparece el leal guardaespaldas Titi, interpretado por Alfredo Ferrario, quien se encarga de alimentar, retener, entretener a la princesa justicialista en su secuestro indeseable. La ascensión de Martinoti es su esperanza de justicia social, hasta el final no sabe que “cada cual atiende su juego y el que, una prenda dará”. Su único premio es apenas la bombacha de Victoria, que metonimiza otra vez la única moneda de cambio femenina que proclama la obra.

La obra replica representaciones ampliamente difundidas y analizadas sobre el nuevo o el viejo peronismo, propone develar las corrompidas estructuras de ascenso y legitimación política del peronismo sin Perón. No hay novedad ni acusación en este teatro de Renoldi y el GIT; no puede haberlo porque esta trama es la cotidiana e inclusive el modelo del sistema en el poder. El valor de la puesta está en la puesta misma, que con mínimos elementos resignifica un mundo podrido, en cuya oquedad resuena el reclamo de las princesas perdidas y de los hombres violados en su lealtad de clase. En esta puesta la silla, el vestido y el inodoro construyen un mismo campo de sentidos: el pasado impresentable. Esa es la fuerza de la puesta renoldiniana y la sub-versión del texto de Pitrola.

Es una pena que los desempeños del elenco sean tan desiguales y apenas, por momentos, Belén Carballo logra hallar el cuerpo y los matices de la princesa que reclama, que seduce, que se humilla. Mayormente la actriz está exaltada, imprecisa y desaprovecha los silencios del baño, los momentos de comunión con Titi. Es una fortuna que Carlos Bonduri haya reingresado al mundo actoral, sus dos apariciones levantan la tensión de la obra y hablan de un actor que además conoce el submundo de las transas políticas y la militancia. Esas experiencias sumadas a una vocalización envidiable y a un registro acertado permiten al espectador renegociar el espectáculo en sus mesetas.

  • Patricia Monserrat Rodríguez
    Crítica teatral
    labutacateatro@yahoo.com.ar
  • Fotos: Gentileza: Patrón Costas