La Tempestad (II)

Fuerte apuesta al teatro político

Patricia Monserrat Rodríguez

Jueves 13 de febrero de 2014  

La obra en cuestión, “La Tempestad Reciclada” subió a escena el emblemático 20 de diciembre en el Teatro Auditórium que acompañó el estreno de esta nueva propuesta de teatro político en Salta. Este trabajo está siendo repuesto todos los sábados de febrero en la misma sala de Belgrano 1349 a las 22, con elenco renovado y repitiendo los fervorosos aplausos de las funciones iniciales.

El grupo Teatro Estable de Salta- fusión acertada e inteligente de los colectivos teatrales Espacio Inverso, La Patota Teatral y El Retiro Producciones- estrenó hace dos meses una ambiciosa producción en la que persigue tenazmente uno de los objetivos fundacionales del grupo: revisitar los clásicos teatrales resignificándolos desde los aportes de los creativos del grupo y atravesando a los textos modelos de las miradas y hechos de la actualidad, promoviendo la discusión crítica, provocando el diálogo y el conocimiento, o sea, enriquecerse del teatro y sobre todo compartir , democratizar los clásicos.

¿Quiénes son Teatro Estable de Salta? Varios actores, creativos y gestores independientes agrupados en cooperativa que comenzaron en 2012 con un Móliere muy atractivo aunque impulsivo y pretencioso:“Todos queremos ser Don Juan”, que llenó las salas donde estuvo y renovó el ambiente local con un teatro a mayor escala. El TES está integrado por Luis Caram, Idangel Betancourt y Juan Carlos Sarapura entre otros, todos creadores comprometidos con la realidad teatral y movilizados socialmente para la promoción de cambios y crecimientos en el panorama cultural de la ciudad. Esta vez doblan la apuesta recreando una de las piezas de Shakespeare más llevadas a escena, La tempestad, pero lo novedoso consistió en la puesta en diálogo de la fábula original del bardo inglés con la historia moderna de nuestro país, sus contradicciones, los hechos y los discursos de los dirigentes fundadores de la democracia nacional.

El director Idangel Betancourt comenta en el programa de mano que el punto de partida de la producción se fue complejizando con el aporte de los actores y se fue engrosando el calibre dramático del texto con fragmentos y retóricas de los políticos fundacionales de la argentinidad.

Por este entramado de textos Teatro Estable en su propuesta denomina a la obra “La Tempestad Reciclada” con el sugestivo slogan epigráfico “Si Shakespeare hubiera conocido Argentina”. Lo reciclado alude en primera instancia a los desechos, lo que ya no sirve de algo. También juega con la repetición de los ciclos; ya se sabe la teoría de que en los países en desarrollo cada veinte años promedio los procesos históricos se repiten como una lección mal aprendida. Pero lo más atractivo de la obra es que además de buscar los paralelismos entre la historia del Próspero shakespereano y la realidad latinoamericana, la obra de Betancourt desovilla, deshace hechos; descompone personajes de nuestra historia económico-política para reciclar aquellos desechos que nos han llevado a repetir modelos y discursos sociales que se hallan en la huella genética de la identidad argentina. Y en esta actitud que el director define como “ encajar en una estructura de ficción una estructura de la realidad, entendiendo que la realidad es fragmentaria y subjetiva” hay un compromiso artístico que se aleja de lo militante para ingresar en lo reflexionante. No hay bajada de línea en este espectáculo, no hay partidismo; más bien hay revisionismo y honda preocupación por el futuro. TES tomó apenas la intriga y las líneas temáticas centrales del romance shakeaspereano para catapultarse hacia las heridas y contradicciones más dolorosas de la patria.

“La Tempestad Reciclada” es asimismo un reciclaje de textos, un texto borroneado y vuelto a escribir- lo que se llama un palimpsesto- que trata de seguir una línea temporal pero que se va pixelando, reticulándose a medida que avanza la obra. La intriga de traición, magia y venganza del sabio exiliado Próspero con su hermano Antonio que escribió Shakespeare, esos versos universales se van entrelazando con las proclamas de Sarmiento , Moreno o Perón; las palabras del Che, de Eva, la marcha de Malvinas, los decretos de la dictadura, las aspas del helicóptero retirando a De la Rúa aquel 20 de diciembre, el retumbar de las cacerolas de aquella noche de caída. La dramaturgia de esta obra de pronto se va cocinando ante nuestros ojos, cada texto y acción se van tornando en los ingredientes de la pócima metafórica que es la Argentina, cual la isla donde Próspero pone a prueba la naturaleza humana, incluyéndose a sí mismo en las fórmulas contrapuestas.

La obra- interpretada como una versión de la realidad política actual- posee una gran riqueza, tanto en lo escénico como en lo discursivo. Pero sobre todo porque el elenco logra interpretar el remate conciliador al que Próspero arriba. El TES propone al cierre de su espectáculo una legítima y madura defensa de la libertad, de la identidad que hemos transitado, a pesar de los quiebres y traiciones con las que se construyó la historia nacional.

Es destacable en esta obra la coherencia entre las decisiones artísticas de las que se hace cargo el elenco: la música en vivo interpretada oportunamente por Néstor Mevorás aporta los climas justos para entrar y salir de lo emotivo; asimismo el director ha optado por el doble rol de los actores, lo que obliga al espectador a estar atento y mantener cierta distanciación sana con lo que se ve en escena, sin confundir esta ficción teatral con partes de la realidad. Aún cuando la realidad es el caldero de donde emergen estas escenas de “La Tempestad Reciclada”.

Otro atractivo de esta puesta es la escenografía y vestuario: la disposición de trajes y perchas colgantes en escena hablan del recurso metateatral; mientras generan el aspecto fantasmagórico propio de la isla shakespereana y aportan los datos históricos en los que los argentinos podemos re-conocernos. La entrada y salida de los actores de estos trajes, hechos eficazmente con material efímero y reciclable por Luis Caram, muestran el cambio de época y de protagonista a la vez que rompen la famosa cuarta pared.

Hacía muchos años en los que no se veía en Salta una puesta coral ( desde La Noche de los asesinos, creo) , en el sentido de que un coro se haga presente en el espectáculo. En esta obra los actores cantan sin hacer play back, replican con canciones en las que hacen ingresar muchas voces. La polifonía es un signo de la integración de lo desintegrado: podremos oír tanto coplas o baguala como himnos, rap, canciones de Miranda Pop. De un poco de todo eso estamos hechos. Y coral también en el sentido grecolatino, un grupo de actores que interpretan la voz del pueblo y la voz de las conciencias. Más de una vez dos actores bajan y se instalan en la platea para dialogar con lo que se ve en escena, para replicar, revisar y reveer los procesos y hechos que han construido este país.

Finalmente hay que felicitar al elenco que asume este compromiso, destacando especialmente la labor clown-grotesca de Gastón Mosca en el rol de Gastrínculo; el desempeño correcto del experimentado actor Luis Caram como Próspero y los trabajos de Esteban Chilo y Miguel Colán quienes aportan gran compromiso a sus trabajos en el escenario. En todo el elenco se ve fervor y gran dosis de emoción, sobre todo en aquellos hechos más modernos que han afectado el destino de los sujetos que habitamos este país. Justamente la obra concluye con la evocación directa de cada actor con aquel 20 de diciembre de 2001, recurso que el TES ya había usado en el remate de su producción anterior. El público, mientras asiste fascinado a dicha ensoñación, se obliga a pensar en los ciclos y lo cíclico de nuestro devenir nacional, en lo que después de todo hemos hecho y los desechos que se han perpetuado en la identidad cotidiana. Y en lo que haremos para reparar los daños.

Como dice el sabio Gonzalo hacia el desenlace de la obra: “Que todo sea cierto / o que todo sea un sueño, no podría jurarlo”.

  • Patricia Monserrat Rodríguez
    labutacateatro@yahoo.com.ar