TURISMO Y CULTURA

¿La Sinfónica se suma a la fiebre festivalera?

José Acho

Martes 18 de junio de 2013  

La difusión sobre la cantidad de público en un festival del Gobierno de la Provincia es siempre superador en público, cuando como organizador del espectáculo bien podría abstenerse de lanzar números siderales. Y si lo hace, al menos debería explicar y fundamentar de dónde y cómo surgen sus cálculos. En realidad para los espectáculos multitudinarios gratuitos no hay una medición de un organismo oficial, ni privado.

Guemes y la Patria Grande

Las especulaciones van de los 50 mil a más de 70 mil personas (según el medio consultado y los intereses publicitarios) que concurrieron al IV Festival de la Patria Grande del 17 de junio en la intersección del Paseo Güemes y Avda. Bicentenario de la Batalla de Salta (ex Virrey Toledo).

Las cifras de gente en los espectáculos gratuitos y del Gobierno son más o menos antojadizas o manipuladas según un interés político. Lo razonable sería distribuir el público a lo largo de las siete horas que se extendió el show porque no todos podrían estar al mismo tiempo.

El público va renovándose por lo estrecha de esa intersección y por su visual dificultosa del escenario. Es poco probable que 50 mil personas se mantengan paradas a lo largo de todo el show, cuando la visión de la boca del escenario no alcanza ni para 20 mil personas; con el detalle que no había pantallas gigantes a los costados, sino solo una gigante detrás de los artistas.

Fiebre festivalera

Hace poco Dino Saluzzi en relación al papel festivalero disparó: “Al folclor lo están matando”. Lo dijo en alusión a que hoy los jóvenes folcloristas tienen como requisito ser festivaleros para ingresar al circuito. Salvo por la actuación de Jairo, es indudable que por el programa artístico de la noche del lunes en el Monumento a Guemes no estuvo exento a esta premisa.

El show por efectivo y festivalero redundó en un saldo totalmente positivo para el Gobierno desde el punto de vista popular y partidario. Como todos los festivales que organizó hasta aquí, en esta curiosa celebración en el día de la muerte de Guemes, fue como siempre más turístico que conceptual; más chabacano que popular, al menos en lo que concierne el término “Patria Grande”.

El Ministerio de Turismo y Cultura en pos de una democratización cultural entendida como “la acción de hacer rotar siempre los mismos números folclóricos por toda la provincia”, sumó a la “fiebre festivalera” a la Orquesta Sinfónica de Salta. Como se vio la noche del lunes 17 de junio, expuso a niveles de ridículo al único bien cultural de prestigio que tiene actualmente nuestra Provincia. El Ballet Folclórico "Martín Miguel de Guemes" brilló por su ausencia.

Lo que si no pasó desapercibido, fue el bochornoso papel que le tocó a la Sinfónica dirigida por Jorge Lhez en el festival. El rol musical y el nivel académico de la agrupación sin duda fueron correctos. De todos los cantores (porque no se pueden decir cantantes), el gran Jairo hizo el papel más digno. Los demás no pegaron un tono, entraban a destiempo, en síntesis hicieron karaoke con una pista de lujo. ¿Era necesario someter a este desprestigio a la Sinfónica para hacerla popular? ¿Popular y chabacano son sinónimos?

Soledad fue la más lúcida cuando dijó: “Los cantores populares poco acostumbrados a cantar con una Sinfónica, así que silencio por favor, así no me pierdo". Igual se perdió, pero tuvo clara la idea cantar con una Sinfónica no es para hacer cantar al público ni pedir palmas, sino para escuchar.

La honestidad brutal la Pastorutti contrastó con la participación de Cecilia De Singlau, que en medio de “Canción con todos” con la Sinfónica, gritó “a ver esas palmas...”. Cualquiera puede cantar en un karaoke y hasta en un festival, pero no cualquiera subirse a un escenario y menos con una Sinfónica.

  • José Acho, periodista
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