ORQUESTA

La Sinfónica con el ímpetu del tango

Pablo Alejandro Sulic

Viernes 5 de octubre de 2012  

José Carli aparece con un bastón para llegar al podio, se hace un silencio, se sienta y mira a la orquesta. Empieza la música, es cierto que es difícil captar el pulso rítmico tanguero en un formato orquestal sinfónico, pero está presente en conciliación con procedimientos armónicos y arreglos procedentes de la tradición musical europea.

  • Concierto de la Orquesta Sinfónica de Salta. Jueves 4 de octubre de 2012. Teatro Provincial. Director invitado José Carli. Repertorio: “Gardel y su obra” y clásicos del folclore. Cantante invitado Leonardo Pastore.

Es una muy buena colección de inmortales tangos, con arreglos ricos en variantes sin perder el sentido rítmico, con alternancia entre los tutti y solistas, notables las maderas, el oboe de Lepez Alonso (con un exquisito solo acompañado por el murmullo de las cuerdas en el poco interpretado Tanti Anni Prima), por otro lado en la Tonada del viejo amor o en El día que me quieras. Carli tiene un modo de tratar el protagonismo de los instrumentos profundizando el criterio camarístico.

La implícita melancolía que buscan construir las letras gardelianas fueron asumidas por el cantante invitado Leonardo Pastore con convicción, buena sonoridad y volumen, aunque penosamente el sonido en la sección pullman no fue todo lo recomendable que requería la música, con un nivel demasiado bajo y con momentos en que llanamente la letra de los tangos no se entendía.

La fantasía sinfónica sobre Juana Azurduy tuvo la exaltación tímbrica de cuerdas y percusión que lograron muy buena amalgama. En general todos los temas tuvieron equilibrio en la repartición de lo melódico y lo rítmico, los pasajes instrumentales al unísono le otorgaron a los tangos una increíble ganancia en la potencia musical, agregando a esto el aprovechamiento de la familia de la percusión (correcta en el tempo).

El postre fue Decarisimo, añoramos a Libertango, igualmente disfrutable, con la típica insistencia piazzoleana, una melodía que parece cortarse por los impulsos rítmicos cuyo núcleo es la melancolía extrema de Buenos Aires, que tanto orquesta y director articularon dentro de la esfera expresiva de Piazzolla. Para el final un delicioso arreglo para vientos y percusión.

En general buenas versiones tangueras en frasco orquestal, un buen cantante que supo prolongar la melancolía de las letras profundas y poéticas de Gardel-Le Pera y una orquesta que se amoldó a la temperatura emocional que propuso el director, pintando una noche con el ímpetu del tango.

  • Magister Pablo Alejandro Sulic
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