Premios Victoria

Grieta de la argentinidad

Patricia Monserrat Rodríguez

Viernes 4 de abril de 2014  

Los premios a la labor teatral creados por la teatrista Ana María Parodi cerraron el Festival de Teatro Infinito junto al onceavo aniversario del Teatro Auditórium . Este año culminó con espectáculos cada vez más atractivos, de estupenda producción para lo que es el mercado local y a la vez removió la agenda de preocupaciones sobre lo que pasa en el campo teatral salteño. La estatuilla de los Victoria, evento ya tuvo su premiere de gala en 2013, puso en tensión la actividad de los grupos y elencos que estuvieron nominados, los que atravesaron un umbral más parejo en sus producciones. Esta tensión recolocó el atractivo y los mecanismos de legitimación se activaron en el teatro.

Los espectáculos más nominados fueron: “Romeo y Julieta desenchufado” con 15 nominaciones para primera producción del grupo Carambola Marambá que dirige Natalia Aparicio y 10 nominaciones para “La tempestad reciclada”, cuarto trabajo de la cooperativa Teatro Estable que dirige Idangel Betancourt. Otras seis nominaciones para la comedia “Amo a mi suegra” del reconocido grupo Arpi Teatro que se nuclea a través de la gestión de Omar Pizzorno mientras que las otras cuatro producciones no han merecido reconocimiento.

La polémica se materializa en la nueva exclusión con la que se premia a Betancourt y a su grupo. Más allá de las decisiones del jurado, parece trasladarse al campo teatral la famosa “grieta” de la argentinidad o lo que es peor, una conducta repetida de los teatreros locales. Una vez más digo, porque hemos visto cómo los hacedores locales han desincluído veladamente del oficio a los directores “molestos”. Ya pasó con José Luis Valenzuela, con Salo Lisé, con José Antonio Lázzari. Todos directores que, agobiados por la desidia y/o el rechazo de sus pares, emigraron de la actividad/provincia.

Lo que es singular es que esta vez son varios los hacedores que han llegado/retornado a Salta a quedarse acá y desarrollar su profesión desde lo que se llama teatro independiente (en el sentido de no estatal, ni comercial al estilo porteño, ni comercial de arte). Natalia Aparicio, nacida y formada en Bs. As. y el cubano Idangel Betancourt junto al salteño-tucumano Luis Caram han sido los responsables de mejorar cualitativamente las producciones teatrales de estos años y lo han hecho con iniciativas que incluyen la producción pero paralelamente la formación profesional. Supongo que a sabiendas de la fertilidad espasmódica de este suelo. Y estos dos gestos son para celebrar.

Esta singularidad está siendo un factor común en el teatro nacional; esta movilidad de hacedores migrantes ha posibilitado que Aparicio llegue a una fiesta nacional dirigiendo a un grupo de identidad local, como permitió que el tucumano Maccarini hace unos años dirija a La sardinera del Norte en una obra de Camus, la cual llegó también a la Muestra Nacional de Teatro. Ese estado de “migrancia” generó que la reglamentación de tal competencia obligue a los hacedores de afuera a tener dos años de trabajo en una provincia para ser representativos del lugar.

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Ganadores de los Premios Victoria 2014 (clic para agrandar)

Resulta interesante hacer una lectura de estas nominaciones para ver cómo ha estado creciendo el teatro local. Por un lado estamos hablando de producciones integrales que han generado la adhesión y el acompañamiento del público por las recreaciones que están presentando de dos clásicos de Shakespeare, mientras que Arpi –grupo de unos 10 años de inserción en la actividad teatral de la ciudad- conserva su espacio con la efectiva comedia que divierte sin perturbar al espectador.

Por la inteligente decisión de Parodi, los espectáculos participantes en la premiación son aquellos que se han estrenado o presentado en el Auditórium, lo que hace un recorte estratégico de los candidatos al galardón. Esta determinación genera en los grupos interesados la necesidad de ser programados en la sala y de “ponerse la camiseta” del Auditórium, el cual apoya recíprocamente a sus obras y provoca, con este trabajo cooperativo, cada vez más el reconocimiento de las nuevas y viejas generaciones de teatreros.

El Premio Victoria, que viene a llenar la vacante dejada por los ex Premios Phersu, trae implícito el reconocimiento de las instituciones oficiales de la cultura a los teatristas independientes (a través de apoyos y aportes de los miembros del jurado) Con este gesto “sanador” la cultura oficial invisibiliza por una noche de tregua una relación negada, problemática y tantas veces ausente.

Del otro lado deja ver las hilachas de los creadores del teatro que siguen navegando entre las tensiones inclusivas y exclusivas de un campo artístico verticalista que inhibe un crecimiento multicentrado. Es interesante leer cómo los grupos se han ido transformando en cooperativas o elencos concertados para tal estreno o para tal otro y cómo ante una nueva propuesta se disuelven con o sin controversias.

Hasta hace unos años esta conducta no era posible ni legítima porque no permitía la continuidad de los grupos tradicionales formados entre los 70 y hasta el 2000. Los principios éticos que sostenían a esos fundacionales eran otros, en la cartelera actual casi no quedan hacedores tan desapegados de los deseos del público o volcados de lleno a una búsqueda estética que deje afuera la idea de la producción y gestión de espectadores.

Por otra parte el mercado ha abierto nuevas posibilidades a los actores de la ciudad, el cine independiente o el oficial, los nuevos canales de tv, e inclusive la cultura estatal demandan propuestas y actores para cubrir espacios creados por las industrias culturales que estos años han puesto a Salta en otros circuitos y públicos. (Opahuasi TV, Los anillos de Newton, El aparecido, Sabático, Luz de invierno, Pallca, etc).

Por otra parte, el sistema cultural está permitiendo espacios para el ejercicio de la crítica de los espectáculos teatrales y el medio hace mella cada vez más de esta posibilidad. Tanto desde los medios virtuales como éste (www.clachaquimix.com.ar) u otros como desde los medios gráficos y radiales hay una apertura y cobertura de lo que pasa en el mundo teatral. Y en la crítica hay también gestos de inclusión y exclusión por más profesionalismo con el que se ejerza la mirada y la reflexión.

Finalmente hay que considerar al público, que no sólo aprendió a acompañar cada vez más a los festivales como el Teatro Infinito y los Premios Victoria, sino también a otros eventos que van generando un nuevo espacio de poder para el teatro. Es el caso por ejemplo del reciente festival “Escenarios de Verano”, gestionado por la delegación local del INT que en varias noches pre carnaval llenó de gente la Plaza 9 de Julio con una programación de clave popular.

Sin embargo, los espectadores también van aplicando sus propios criterios para ir a ver una obra, esto fue evidente en el Infinito, donde cada noche se renovó el contrato a raíz de la muy buena programación que Ana María Parodi presentó para este año. Incluyendo a las dos obras salteñas que se quedaron con casi todos los Victoria. Siete premios para la correcta “Romeo y Julieta desenchufado”, cuatro estatuillas para la “políticamente incorrecta” Tempestad reciclada y un premio consuelo para la escenografía de Omar Pizzorno.

  • Patricia Monserrat Rodríguez
    Critica teatral
    labutacateatro@yahoo.com.ar