José Acho

Gal Costa en Tucumán, un lujo para pocos

Sábado 27 de mayo de 2017  

Una de las voces fundamentales de Brasil, Gal Costa con sus canciones emblemáticas que fueron como caricias para alma de los privilegiados espectadores que llenaron media sala del teatro “Mercedes Sosa” de la capital tucumana para apreciar su recital de corte íntimo “Espelho de Agua”.

La cantante bahiana, cálida, sensible y única estuvo el jueves 25 de Mayo. Llegó por primera vez al NOA, y no muchos pero los necesarios fuimos a disfrutarla. Pensamos que era vital ir a verla en vivo y valorar que a sus casi 72 años, se anime a girar por ciertos rincones de nuestro país, a los que no llegan con frecuencia artistas de su talla.

Quizás también haya sido la última vez, por el poco público que reunió para su ponderado capital artístico que tiene su nombre en Brasil y el mundo. Por todo esto ver su fortaleza para cantar cerca de treinta canciones con el tiempo estancado en su voz intacta, fue un lujo para pocos.

Vale remarcar el contexto en el que suceden estas sorpresas de tener a un artista de esta envergadura por estos lados. Los vaivenes nada propicios que viven hoy Argentina y Brasil, para traer al Norte a la gran Gal Costa que se encuentra en gira internacional.

Son tiempos arriesgados para la gente que cuida el mango y no menos para un productor local que sabe apreciar calidades y no cantidades al momento de elegir tener en su cartelera un artista que cree imprescindible, aunque no esté muy segura si los números le van a cerrar. Quedará ese consuelo que, a veces con la alternancia se puede compensar...

Lo cierto es que quienes fuimos a ver a Gal Costa, sin duda concurrimos con la convicción que nos convocó esa fuerza de su espíritu artístico de buena madera o magia perdurable.

En principio, su entrada fue puntual. A las 21.10, estuvo firme para cantarnos una selección de lo nuevo y lo clásico de nada menos que 50 años de trayectoria. Desde la primera canción hasta la última de una selección cuidadosamente elegida, supimos que siempre iba a tener sabor a poco.

Su voz sin tiempo, que sorprendió por lo intacta, fue acompañada por el notable guitarrista Guilherme Monteiro. Así en un clima íntimo de buen manejo de luces y la acústica de la sala ponderada por la propia Gal, escuchamos: “Vapor Barato”, “Meu Nome é Gal”, “Sua Estupidez”, “Folhetim”, “Meu bem Meu Mal”, “Chuva de Prata”, “Baby”, y hasta el clásico y dulce “Como un día de domingo” .

Si, son solo algunas. Pasa que uno se pierde de anotar disfrutado entre tantas que uno desea que cante, otras que simplemente pasan y hacen que uno se pierda en ese paisaje inmenso de su historia. Se cantó todo y en un solo momento se dirigió al público en portugués, porque aclaró que "no es bueno hablar portuñol”.

Gal, parada sobre el escenario, con calidez y aspecto juvenil, delineó la esencia de “Espelho de Agua”, como una síntesis de temas clásicos “esos momentos únicos que el público tanto agradece y sonidos nuevos plasmados en “Estratosférica”, su último disco “muy bello” y que describió como “armonías de las distintas facetas de mi carrera”.

Como era de esperar, no se olvidó de ponderar a Mercedes Sosa, de halagar la acústica de la sala que lleva su nombre, y con quien compartió parte de su historia, como lo hizo también en su dilatada trayectoria con Chico Buarque, Caetano Veloso o Milton Nascimento.

En cierta forma, los que fuimos de Salta a escuchar a Gal Costa y los pocos que fueron de la ciudad tucumana casi estancada, fue un verdadero acto de apego a la historia de la música latinoamericana y un reconocimiento al invalorable aporte de los artistas brasileños.

Ella, como tantos otros de sus colegas con sus inmortales canciones atravesaron en nuestras vidas... Caetano Veloso, Tom Zé, Tim Maia, Hermeto Pascoal, Gilberto Gil, María Bethânia, algunos nombres fundacionales de su país.

Si alguno de esa generación artística se nos brinda la posibilidad de tener tan cerca, no lo podemos dejar pasar así nomás, pese a cualquier circunstancia. Porque al final ese esfuerzo lo vale y porque también uno no se olvida nunca.

  • José Acho, periodista
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