Fútbol, pasión y traiciones

Martes 6 de enero de 2015  

El filme "Papeles en el viento" de Juan Taratuto, realizado a partir de la novela de Eduardo Sacheri, con los protagónicos de Diego Peretti, Diego Torres, Pablo Echarri y Pablo Rago, describe el universo de cuatro amigos futboleros, entrañables en sus contradicciones. Se estrena este jueves 8 de enero en todos los cines del país, incluido en Salta.

Taratuto ("La reconstrucción") define a su filme como, "una comedia romántica sobre un grupo de amigos, donde lo que está en juego -en lugar de si la pareja se besará o no- es saber si el grupo de amigos permanecerá unido".

En una charla compartida con Sacheri dijo a la prensa nacional que el filme narra la amistad entre cuatro hombres devotos del fútbol que rondan los cuarenta años, y de cómo la muerte puede fortalecerla o hacerla tambalear, mientras el futuro de una nena, hija de uno de ellos, se convierte en el centro de las preocupaciones de la banda.

Sacheri comenzó a escribir este guion en pleno éxito del filme "El secreto de sus ojos" de Juan Campanella, basado en su novela ("La pregunta de sus ojos"), cuyo guión coescribió. La mística futbolera, capaz de conmover y generar reflexiones a través de la descripción de alguna jugada, impregna la producción, al igual que cierta intensidad, determinados colores que signan las composiciones actorales.

"La mirada más condenatoria para mí -continúa- era la del autor, quien por suerte nunca la ejerció, y la de los lectores. Se debe entender que uno es un amplificador de sentimientos y emociones de una historia escrita por otra persona, llevados al cine por los actores. Esta fidelidad está relacionada con ser fiel a lo sensorial de la novela".

La lealtad hacia un amigo que fallece y deja una suerte de legado, cuyo cumplimiento se torna delirante por momentos, y en otros despierta miedo, casi como sucede durante un partido de fútbol, donde la pasión y las traiciones cosen el entramado invisible de las casacas, es el marca del texto que permanece en la película.

La razón de la complicidad entre palabras e imágenes tal vez resida en las palabras del escritor, capaz de entender la la figura del director como si se tratara de un lector más: Aprendi de mi experiencia, no podés decir ’acá no dice esto’, aunque no hayas querido poner tal o cual palabra, si el lector lo entendió así, uno labura con eso, lo charla, ve qué pasa y genera cambios", concluyó.