MANU CHAO EN SALTA

El "quiebraley" desató su rumba

José Acho

Martes 3 de diciembre de 2013  

Manu Chao pasó por primera vez por Salta y como es costumbre por donde va, cantó su compromiso. Dijo lo que hay para decir en el escenario como un portavoz de la libertad. Alzó fuerte su voz y siempre con sus brazos en “V” y puños apretados, instó con energía a no cejar en la lucha. La protesta de Manu-Manifiesto fue: “Fuera Monsanto de Latinoamérica”, “Fuera Austin de Salta y de El Galpón", y apoyó una encendida defensa a favor de la tierra y las reivindicaciones indígenas de Jujuy.

Tampoco aquí subió sólo a cantar, divertir y subvertir lo establecido (que bastante bien lo dice y hace siempre con sus canciones) sino también abrió su micrófono a las luchas sociales, vistió su tablado de banderas demandantes con controversias locales, nacionales y latinoamericanas. Lo que profesa en su música no es tibio, transmite fuerza, resistencia, todo en él es compromiso.

El “quiebraley" se tocó toda la rumba, reggae, ska furioso, “pogoso” y bailable de su repertorio con su histriónico grupo "La Ventura". El interior del Delmi era un horno a leña sin ventanas, sin aire, de agobiantes 40° grados. Todo sumado a su vertiginoso ritmo musical flageló sin piedad a las 3.500 personas, durante las dos horas y media de alta diversión que tuvo el show.

Manu subió al Delmi despojado de parafernalia deslumbrante en escenografía y quizás hasta descuidó (aquí por lo menos), su producción, la calidad de sonido e iluminación (¿era equipamiento salteño?). La pésima acústica de ese estadio, hizo de las suyas y no le encontraron ecualización. Sonó pastoso, reverberante y poco se diferenciaba entre un tema y otro. Pareció que todo era “Crev la vie-kopie”, porque se tocó unas 30 canciones diferentes, pero su voz no se escuchaba clara y poca definición tuvo sus instrumentos.

Pero como él canta: “la vida es una tómbola, y arriba y arriba…”. A las 3.500 personas poco les importó esos detalles. La fiesta voló en intensidad. Y ese poco público, para lo que son sus recitales en otros mundos (el último que hizo en Jujuy que pasó las 7 mil personas), cantó, bailó, saltó toda la noche. Sus fans tuvieron que pagar $180 y pasar afuera varios vallados de "mucha policía, mucha requisa, mucha especulación…"

Adentro por suerte la Policía no molestó a nadie. Había conexión y canto con picos altos de conocidos estribillos: “Tristeza maleza, día luna, día pena…” “Mentira, la mentira, mentira la verdad…”, “La muerte viene, la suerte se va por la frontera… por la carretera”, “Me gusta que le voy a hacer… yo no lo sé...”. “Nos engañaron con la primavera… “Yo vengo del hoyo, yo, yo…”. El francés pasó por todos los climas con la versión guitarrera de “Arriba la luna” o “Rumba de Barcelona”, “La primavera”, “Qué pasó”, “Mala vida” y “Sidi h’ bibi”, Etc.

El detalle curioso fue que a una hora de recital Manu Chao tocó el resto de su repertorio amagando con irse o despidiéndose: “Gracias Salta… arriba Salta… hasta siempre Salta… Chau Salta…”, decía. Pero cada vez volvía y seguía tocando. Así continuó la hora y media restante. Cuando cantó su versión de “Volver”, dijo una vez más: "Salta siempre quiero volver… y volver a tus brazos otra vez...". Próxima estación, esperanza.

  • José Acho, periodista
    info@calchaquimix.com.ar
  • Fotos: Calchaquimix

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