El poeta encontró su agua mansa

José Acho

Lunes 24 de octubre de 2011  

Raul Araoz Anzoategui, el escritor que encontró el agua mansa en la poesía, falleció hoy 24 de octubre en Salta a los 88 años. Convertido en poeta escritor y ensayista salteño, fue fundador desde muy joven del movimiento cultural “La Carpa”, originado en Tucumán, que abarcó Salta, Jujuy y Santiago del Estero.

El adiós a Raúl Araoz Anzoategui

Con su desaparición, las letras argentinas pierden a quien no sólo era un poeta y ensayista, sino además un editor -escribió Gregorio Caro Figueroa- porque de Limache salieron las primeras ediciones de las Tradiciones Históricas de Bernardo Frías, además de reediciones de Juan Carlos Dávalos, Daniel Ovejero, Ernesto Díaz Villalba o Federico Gauffin. A lo que se añade su condición de gestor y animador cultural.

“Araoz Anzoategui tuvo tres etapas de vida en Buenos Aires –años ’40, siete años en los ’50 y dos y medio entre 1984 y 1986- que le dejaron una capacidad para soportar, y también gustar, la enorme ciudad a la que volvía con Renée (su esposa) al menos una vez por año”, describió en una nota el periodista e historiador.

Su figura gozaba de la típica fisonomía del escritor de barba y pipa. Se definía como un simple mortal que tuvo la dicha de encontrar un agua mansa en la poesía. Así lo afirmó en una entrevista realizada en 2004, por el escritor y colaborador de este medio, Jaro Godoy.

“No me creí inferior, ni superior a nadie. Creo que todo está en el esfuerzo que yo le haya dedicado y si ese esfuerzo es válido o no, lo dirá el resultado de lo que uno ha escrito o ha hecho en la vida, que todavía no se que destino tiene lo que haya hecho. No se si estoy recién empezando, si lo estoy… ya se me acabó el tiempo”, argumentó.

Raúl Aráoz Anzoátegui fue integrante del grupo La Carpa - uno de los movimientos literarios y artísticos más importantes del país en los años ’40 y, protagonista de una época de oro del Norte junto a artistas como Raúl Galán, Manuel J. Castilla y María Adela Agudo, el Cuchi Leguizamón, Eduardo Falú, Pajita García Bes, Luis Pretti, entre otros.

Reconocido como uno de los escritores más prestigiados de la provincia, había nacido en 1923 y perteneció a la llamada generación del 40. En su extensa trayectoria su escritura y publicaciones fueron fructíferas. Obtuvo numerosos premios, menciones y distinciones de todo tipo. Es autor, entre otros “Tierras altas” con el que obtuvo en 1946 el Primer Premio Regional de Poesía.

Sobre la muerte en sus entrevistas decía que le tenía dudas. “Yo soy un tipo creyente, yo creo que el mundo sin un Dios no puede moverse, pero no tengo Dios, y creo que todos podemos salvarnos si tenemos un Dios y perdemos si no lo tenemos”, remarcaba.

Al respecto solía citar también a Juan Carlos Dávalos desde su soneto que dice: “Yo no dudo de ti, de lo que dudo es de mi vacilante pensamiento del ilusorio perfeccionamiento del troglodita. Algún día cansado y triste como asno remolón junto a la senda me he de echar con la carga que me diste…”.

También hace 7 años cuando estaba por cumplir 81 años afirmó “No vivo pendiente de mi muerte, que ya debe estar muy próxima porque después de los 80, la vida ya no se mide por décadas o ingenios, sino por meses, días, horas y uno no sabe cuanto le queda. Es decir, le disimulo a la muerte, no quiero meterme mucho con la muerte, es una forma de temor, posiblemente. El día que la enfrente no sé, a lo mejor me agarra un julepe bárbaro, no sé…”.

Caro Figueroa en otra nota titulada “Un alfarero de las palabras” expresó: “Sus manos saben amasar palabras. “No busco la metáfora brillante, más que ensayista erudito soy un lector atento. Lo mío vocacionalmente es la poesía. Si soy poeta por obra de Dios o del demonio no es pregunta que pueda ni deba responder. Hay obras que tienen vigencia en un momento y luego se eclipsan. Y las hay que con el tiempo son reconocidas”.

“Personalmente sólo aspiro a vivir, aunque sea modestamente, dentro de esa gran nebulosa que gira en torno de los grandes creadores. Aspiro a estar en alguna medida en los suburbios de la cultura de mi tiempo”, concluyó Araoz Anzoategui.

  • Foto: Isidoro Zang.