"El color los cerros en su canto"

Martes 17 de marzo de 2015  

La coplera Mariana Carrizo se presentó el fin de semana en Córdoba con “el misterio de su canto ancestral y la picardía de sus coplas” y cosechó elogios en la prensa de esa provincia. “La copla es una flor silvestre”, suele repetir. Pues Mariana Carrizo es como la copla”, escribieron.

Mariana Carrizo en Córdoba

“Sus trenzas de moreno pelo le cuelgan hasta allí, justo donde el sonoro fucsia de la blusa se vuelve verde en la pollera. Sus ojos de profundo negro apenas si se adivinan desde la penumbra y, cuando afloja los labios, la sonrisa es un resplandor blanco sobre el paisaje cobrizo de su piel de siglos. El escenario parece todavía más ancho cuando se levanta el telón y aparece esa mujer menuda, sola con su caja”, dice la nota de Alejandro Mareco en la Voz del Interior.

“Ha venido a cantar coplas, y cuando se trata de cantar coplas, se trata de decir. ¿Cómo hace una mujer pequeña, sola con su caja, para encender el silencio en la quietud del Teatro del Libertador San Martín en un viernes de marzo?”

“El misterio de Mariana Carrizo viene con ella, con todo lo ancestral que trae en sus formas y sus modos, y lo tiende en el aire con una voz que trepa cimas y desciende abismos en el mismo suspiro. Va montada en las posibilidades de su registro y en todos los matices que apuntalan la breve narración, en ese racimo de recursos que entre bagualeros se llama quenco”.

“La riqueza del tesoro de un coplero se cuenta por la cantidad de coplas guardadas en el corazón de la memoria y luego por el sentido de la oportunidad con que esas coplas se ponen a la luz del presente. Los contrapuntos (desafíos) entre dos copleros se definen por estas capacidades”.

“Ella es un torbellino, suave pero torbellino al fin: la gracia fresca de su voz es en todo momento el espejo de su sentimiento, y se siente como un fluido natural el contraste entre lo que pudiera presentirse como un episodio de solemnidad y luego la picardía, el divertimento que propone cuando coplea para “el pata ‘e lana” o las suegras (y más picantes aún)”.

“Entonces cuenta historias de su tierra de otro modo, siempre con un registro alto y un color de cerros en su canto, que la subraya, una vez, original. La zamba es su debilidad, y los planetas se ponen en línea cuando interpreta La Pomeña, que el Cuchi Leguizamón y Manuel J. Castilla le dedicaron a la también copleara Eulogia Tapia”.