SINFONICA

Dificultades técnicas y una soprano excelente

Pablo Alejandro Sulic

Sábado 19 de noviembre de 2011  

Atraído por las dramáticas posibilidades dramáticas del relato Strauss pensó darle al relato un formato de poema sinfónico. Su actitud sobre la música programática fue ambivalente, la idea de evocar imágenes vívidas y disfrutar de estas junto con la música. La forma que toma la obra es de Rondó, aunque las repeticiones que hace del tema principal nunca son totalmente literales, mientras que en algunos tramos existe una sensación de recapitulación o cierre.

  • Concierto de la Orquesta Sinfónica de Salta. Dirección de Enrique Roel. Jueves 17 de noviembre. Teatro de la Provincia. Solista: La soprano Soledad de la Rosa. Repertorio: Las alegres travesuras de Till Eulenspiegel de Richard Strauss y la Sinfonía Nº 4 de Gustav Mahler.

La genialidad de Strauss está en camuflar los temas y someterlos a una increíble transformación a través del uso magistral de la paleta sonora de la orquesta. No es casualidad que la obra se utilice para los concursos de directores por las dificultades intrínsecas que la partitura esconde, y solo un mago supremo de la dirección podría revelar, desenmarañar su encanto y transportarnos a las mágicas armonías.

De todos modos nos sorprendió gratamente la digna versión que dejó oír la orquesta sinfónica, cuidando los timbres plenos y las entradas de los solistas individuales. Unas palabras para la velocidad de la interpretación: Nos pareció que en general faltó en el tempo el impulso hacia adelante, la propulsión de la velocidad para lograr más sarcasmo y humor en los pasajes solísticos.

Para escuchar y entender las sinfonías de Mahler, debemos comprender la concepción de obra sinfónica que manejaba el compositor. El observaba cada obra como un universo en sí mismo, con obras tremendamente complejas y extensas, llenas de imágenes de lo celestial y lo banal, de tragedia personal y esperanza proyectada a escala cósmica, con combinaciones y timbres inusuales y efectivas, trabajando las estructuras clásicas con originalidad y entera libertad. Esta Sinfonía es la más sencilla e ingenua, sin los oscuros pensamientos que dominan el resto de sus obras.

La idea es la visión celestial inocente. La melodía elegante y cadenciosa del violín crea una atmosfera relajada, de cierta decadencia vienesa y de buen humor, sensación que se prolonga durante el resto de la obra. Para destacar la interpretación de Tarta que realizó una técnica barroca llamada scordatura (un solo violín se afina un tono más alto que el estándar de las cuerdas del resto de la orquesta) con el fin de producir un sonido espectral particular, Mahler especifica " como un violín medieval", el resultado es un sonido más crudo, de músico callejero, árido sin vibrato, que produce un efecto disonante pero a la vez placentero.

Para quien esto escribe, el tercer movimiento fue el más logrado, con una hermosisima melodía, relajante, que varía con el tornasol del diamante, mientras en la última variación la orquesta explota con un clamor y luego todo se diluye mientras los sonidos de los armónicos agudisimos de los violines y las flautas le otorgan al momento un tinte sobrenatural. La cuerda en general estuvo a la altura de las exigencias de la obra, atenta en las entradas y con un sonido lustroso.

Para el final la participación de la soprano Soledad de la Rosa, que cantó las estrofas del Lied mientras la orquesta acompaña los interludios orquestales. Las palabras deben ser cantadas con cierta expresión infantil, espontaneidad y claridad, de manera serena y sin parodia, sin embargo con extravagantes rubatos dinámicos y expresivos. Soledad tiene una voz privilegiada con un volumen que emite sin esfuerzo.

Lamentablemente en algunos pasajes el sonido no fue de lo mejor no sabemos si por una superposición entre el volumen real y el de los parlantes, o alguna deficiencia acústica, lo que no fue obstáculo para disfrutar de su interpretación. Para los amantes de Mahler la más accesible de sus obras en un microcosmos de su visión de las grandes cuestiones de la vida sin la épica beethoveniana.

  • Pablo Sulic
    Magister