SERRAT-SABINA

De pájaros, bergantines y piratas

José Acho

Martes 6 de marzo de 2012  

“Estoy nervioso de tocar al lado de este monstruo, porque cuando Serrat ya era Serrat y había compuesto “Mediterráneo” yo recién rasgaba mi guitarrita en el metro de Londres”, decía Sabina, el madrileño nacido en Úbeda de su amigo catalán, nacido en Barcelona, apenas dio comienzo el recital debut de su gira en el Delmi salteño colmado de fervientes espectadores de un tándem perfecto, tocado por la varita mágica del talento.

Ovación a Serrat-Sabina en Salta

Muy pocas veces una crónica podría contener tantos elogios sobre un espectáculo, como en este caso, porque a todas luces reunió los méritos suficientes en organización y agitador de los sentidos, para rozar la perfección, salvo por algunos pequeños defectos de sonido en las voces de los protagonistas, que pueden justificarse en el jolgorio y la exaltación del debut.

Después de “Dos pájaros por un tiro”, estos dos pájaros contraatacaron con una puesta en escena que era todo un desborde de buen gusto. Un marco de escenario gigante simil de un lujoso casino cinco estrellas donde no faltó la mesa, dos sillas, las copas, el tacho con la champaña, la que fue vaciada a mitad del recital. Sobre las gradas, con fondo se proyectaron fotos, los comics de dos emplumados pajarracos, pinturas artísticas en pantalla de leds y las imágenes cercana de ellos en otras dos gigantes a los costados.

La “Orquesta del Titanic”, cumplió su derrotero en nuestra ciudad junto a dos hermosas y sensuales coristas, todos ataviados de riguroso trajes negro y blanco. En el arranque dos señores grandes vestidos como los personajes de sombreros de la serie inglesa “Los Vengadores”, hacían de las suyas, felices y disfrutando de una pomposa burguesía del éxito.

Un generoso show de tres horas y pico, en el debut de una extensa gira americana, lo que seguramente ameritaba aclimatarse con tres días previos en Salta, donde "nunca vi tantos petas por metro cuadrado", dijo Sabina. Pese a que los nervios se notaron, la exaltación pudo más. Como dos showman de una glamorosa viarieté, además de música, hicieron humor y divirtieron al público con sus gags.

Como dos niños traviesos bromearon, jugaron, bailaron y saltaron. También dieron un poquito de miedo a la platea. “Huyy… son grandes ya, mirá si se caen”, dijo una dama sorprendida por sus desplazamientos.

Sabina y Serrat, como dos poetas y cronistas de su tiempo, debutaron ante un marco imponente de público más de siete mil personas, que rockearon, blusearon a dúo con sus canciones gloriosas y las del nuevo disco “La Orquesta del Titanic”.

La noche de Serrat y Sabina, de Salta al mundo, fue un maratónico show de más de 30 canciones, más de tres horas de show, incluidos los tres intentos de despedida y regresos ovacionados de pie con apasionado fervor. Dos pájaros ya están de vuelta a las andanzas de toda una vida sobre un escenario. Comenzaron lo que muchos opinan será una gira aterradora para su condición de hombres grandes. Un mes de 21 conciertos en el Luna Park de Buenos Aires. En junio e recalan en España, para regresar de nuevo a América en octubre. Y además de Argentina, actuarán en Uruguay, Paraguay y Chile.

Los salteños presentes vivieron un noche a la deriva de emociones, de bergantines, piratas, de trasnoches de alcohol, bares, damas, vagabundos y putas. De canciones de amor y otras trampa. De vinagre y rosas; de turbulento mar mediterráneo y una vida que se vistió de fiesta. Alguien los calificó de “un par de voyeurs impenitentes de una realidad propia y ajena”. Todos nos fuimos sabiendo que son dos artistas bendecidos por otra vida extra, que hoy viajan por el mundo como pájaros enfundados sombreros ingleses. Y en su varieté de la vida sobre el escenario, uno es un truhán y el otro señor (cada cual elige quien).

  • José Acho, periodista
    Fotos: Nélson Ruiz

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