LEBON

Cuanto tiempo más llevará así

José Acho

Jueves 31 de mayo de 2012  

‎Me aburrió David Lebón y me fui de su recital. “No estaba bien ese señor esa noche…”, comentó una amiga. Y algo de razón tuvo. Para mi su recital fue nada más un trámite. Los temas sonaron como un disco de pasta en vivo de hace 30 años (ruidos de acople de sonido incluido) y eso puede ser un gran mérito para los retromaníacos, no tanto para quien piensa que vivir de la gloria de un pasado es una condena.

Tengo la impresión además que no fue muy profesional por ciertas actitudes en el escenario, y mucho menos creativo al interpretar al pie de la letra sus temas. Su inconformidad con las guitarras y el tedioso tiempo que se tomaba entre tema y tema para afinarlas, me fastidió. Por todo eso creo que no logré conectarme. Me pareció que Lebón estaba desganado o no era la mejor de sus noches.

Un detalle como el de su asistente que en cada tema le daba el vaso en su mano para beber, me transmitió divismo y hastío. Así que me fui a la mitad de su recital en el Teatro Provincial, porque no podía transmitirme nada nuevo, salvo la nostalgia. Debo confesar que no creo en la resurrección del pasado. No me regocija ni me deleita como a otros tantos. En cambio sí creo en la reencarnación del proceso creativo.

La noche de David Lebón en Salta tuvo algo de regodeo sobre su condición mito. Cualquiera puede notar a este histórico guitarrista musicalmente equidistante de sus pares vivos Charly García y Pedro Aznar. Es obvio que esta visión es muy personal.
No quiero decir que todos lo vivieron igual.

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Lebon en vivo (foto Isidoro Zang)

Había 1.200 personas en la sala, que no es poco. Pude ver a una gran mayoría entusiasmados gritándole “ídolo” o “volvé más seguido”. ¿Y a qué…? Me pregunté. ¿A tocar y escuchar más de lo mismo, si cambiar una coma de cada partitura de temas creados hace más de 30 años? Y no me venga con la excusa que es un clásico. Lo música universal que subsiste de compositores a partir del siglo pasado, pueden llamarse clásicos.

¿Cuánto tiempo más llevará Lebon así? A veces la nostalgia obstaculiza la capacidad de apreciación y en los músicos la capacidad de creación. Es seguro que de esas 1.200 personas un gran porcentaje concurrió por la nostalgia de Serú Girán. Lo que no es un reproche. Son formas diversas de apreciar la música. Cada uno asimila o procesa como quiere o como puede, la música que escuchó a lo largo de su vida.

La teoría musical dice que precisamente la nostalgia subyace en el punto que el rock como movimiento ha dejado de avanzar en ese gran proceso creativo de los ‘60 y los ’90. Por lo tanto debemos mirar inevitablemente hacia atrás en busca de momentos más potentes y dinámicos. Para este caso un ejemplo válido y sobresaliente es Bob Dylan, que hace poco estuvo en Buenos Aires como parte de su extensa gira.

Un comentario sobre sus reiterados recitales afirma que “nunca sus temas que toca son o suenan iguales, todos se regeneran y se potencian en vivo. Y es porque el no se regodea en su mito, en su pasado, sino que busca que cada canción suene en presente del indicativo. De esta manera, lo que asisten más de dos veces a sus conciertos, no ven taxidermismo, sino pura experiencia”.

Es taxativo. A Lebón esa noche le sucedió todo lo contrario. Lo supe después de escuchar seis o siete temas e irme. Mucha gente es como un adicto a su propio pasado. Le gusta escuchar, grabar, repetir y volver a escuchar, sin poder animarse a aceptar esa condición de mortandad de un evento o de uno mismo.

Hace tiempo que decidí dejar al pasado descansar tranquilo. Hoy la nostalgia no me mata, ni me hiere. Al menos cuando se trata de la música sin distinción de géneros, me animé a pertenecer a una minoría de adictos al futuro. Así que me simplemente me levanté y me fui de la sala para anular esa experiencia de tener noche de regodeo retro.

  • José Acho
    Periodista
  • Foto: Isidoro Zang