SINFONICA

Concierto inusual y de notable calidad

Pablo Alejandro Sulic

Sábado 17 de noviembre de 2012  

Pocas veces tenemos los que regularmente seguimos a la orquesta Sinfónica paladear un programa tan ecléctico, variado e interesante musicalmente. Esta fue una de esas veces en que todo se disfruta en medida doble. La serenata de Strauss es una de esas composiciones que no se escuchan regularmente en la sala de conciertos. Es también una de las primeras obras de la pluma de un compositor que estaba buscando su propia voz pero que sigue escribiendo en el estilo del pasado.

  • Concierto Quinto Aniversario del Teatro Provincial. Orquesta Sinfónica de Salta bajo la dirección de Jorge Lhez. Jueves 15 de noviembre. Solista invitado el músico alemán Diethelm Jonas en oboe. Repertorio: Obertura “La forza del destino” y Concierto para oboe en Fa Menor de Giuseppe Verdi. La Serenata Op 7 de Richard Strauss, y Serenata Op 44 de Antonín Dvorak.

Strauss llevó a la orquesta por caminos inhóspitos, jamás transitados, realizando combinaciones instrumentales de una variedad sin precedentes. Concibe esta serenata para un conjunto de vientos muy similar a la de la gran serenata de Mozart K. 361 con una peculiaridad; la adición totalmente innecesaria de un contrabajo en los últimos dos compases, simplemente para reforzar el pedal de tónica. Los diez minutos del único movimiento no tienen desperdicio con un material melódico de una naturaleza que señala el camino hacia las exuberancias de pasión y lirismo tan típicos de Strauss en los años por venir. La traducción del director invitado Jonas, fue sencillamente deliciosa y fresca. Gould pudo decir de Strauss que simplemente fue la mayor figura musical que ha vivido en este siglo (xx).

La Serenata op.44 de Dvorak es una gema brillante en el carácter de las Danzas eslavas y rapsodias. Optó por usar oboes, clarinetes, fagotes, trompas, violonchelo y contrabajo omitiendo la brillante flauta. El primer movimiento tiene la pomposidad de una broma, con el melodismo sutil que lo caracteriza jugando con fragmentos temáticos en el primer y último movimiento. Los movimientos centrales nos presentan danzas de corte folclórico y etéreos juegos tímbricos, manejados con maestría por el director invitado, mientras que el Allegro molto es un robusto rondo con cuatro episodios variados. Todos los solistas sin excepción estuvieron a la altura de las exigencias.

Las variaciones de Rossini, permitieron el lucimiento del director-solista que se presentó con un voluminoso curriculum. Ya desde el primer sonido penetramos en una atmósfera de otro mundo con un sonido flotante, blando y a medida que la obra iba ganando intensidad los solos se tornaban cada vez más impresionantes. La obra está sutilmente orquestada, es imaginativa y accesible a la escucha. Jonas logró que el sonido del oboe literalmente aletee alrededor de nuestro oídos con vida propia, con una propulsión rítmica que se complejiza a medida que pasan las variaciones e ingeniosos efectos sonoros, un refrescante optimismo melódico. Cada clímax está bien situado, y Jonas sabe exactamente cuándo aplicar mayor o menor volumen, intensificar la tensión emocional o crear un paisaje sonoro distinto. Cada vez que respira tuvimos la premonición de que algo magnífico estaba por suceder, creando sonidos exóticos de la nada. Impecable desde el personaje de solista hasta el de director de cámara.

En la primera parte y como es costumbre en el maestro Lhez, tuvimos una obertura verdiana que pintó de manera profunda y sombría los estados de ánimo que propone La forza del destino.

En definitiva, un concierto sorprendente y valiente por su propuesta de punta a punta con obras poco transitadas pero de extraordinaria inspiración.

  • Magister Pablo Alejandro Sulic
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