CANTÓ DE ESPALDAS

Calamaro, ¿divo o paranoico?

Lunes 7 de noviembre de 2016  

Andrés Calamaro en su recital del domingo 6 de noviembre en Salta, cantó de espaldas al público unas cinco canciones en represalia a las fotos y filmaciones de celulares.

No quedó claro si se enojó porque perturbaba el show acústico y clima íntimo buscado por el trío o porque no le gustan las fotos y filmaciones “de mala calidad” que le toman sus fans.

En cierto modo, puede que haya algo de “divo del rock” en su personalidad o como el mismo lo dijo en su cuenta de Facebook, está “desarrollando cierta (ligera) paranoia (entre comillas) por los aparatos celulares de teléfono”.

La mayoría de los fans consultados por Nuevo Diario a la salida del show, sobre este episodio, opinaron está en su papel de “divo”, que “a un grande se le permite cualquier cosa” y otros dijeron: “está algo obsesivo”, en ese orden.

Calamaro vino a presentar su disco “Romaphonic Sessions”, el álbum grabado con el pianista Germán Wiedemer, que para su gira tituló “Licencia Para Cantar”. Su gira en este formato es inédita. Vino acompañado por el trío de músicos Germán Wiedemer (piano), Antonio Toño Miguel (contrabajo) y Martín Bruhn (percusión).

En su afán de “divo” y “obsesivo” (valga cualquiera de los dos) no se sabe cuántas de las casi 800 personas (en un teatro que es para 1.500 personas) que pagaron entradas muy caras $900, la más económica, vieron en su página o facebook, su advertencia sobre el tema de fotos o cámaras.

“Ofrecemos nuestra mayor elegancia posible, sensibilidad y un grado de intimidad. También queremos una cuerda de respeto que nos reúna en una misma dirección: celebrar conciertos y recitales para escuchar… sin interferir en la concentración de los demás. Por esta razón vamos a pedir lo que suele pedirse en teatros: guardar apagados los teléfonos celulares, abstenerse de sacar fotos y de filmar. De una vez por todas hay que recuperar el placer de escuchar un concierto por el que pagamos una entrada no necesariamente económica”, advirtió.

Y la noche después del show en Salta, de tocar cinco temas de espaldas al público dijo: “Caramba… ayer fue un concierto distinto en varios sentidos. Cuando llego el momento de tocar ya había escrito un texto advirtiendo al público que la profusa aparición de aparatos celulares llamativos podía quebrar con el equilibrio de un concierto para ser escuchado y visto desde el asiento de una butaca de un teatro”.

“No somos modelos de fotografías celulares ni estamos filmando un video en vivo de mala calidad. La euforia por capturarlo todo para compartirlo en las redes tiene que suspenderse por el tiempo que dure el concierto”.

“Es verdad que llegue con un ligero brote de” paranoia ideológica” pero advertí la aparición de estas luces entre la audiencia y ya me resultaban irritantes y agresivas, entonces propuse cantar de espaldas en desacuerdo con la marea de luces que destacaba entre la oscuridad atenta del público: y lo hice”.

“Casi de inmediato se apagaron la mayor parte de los invasores teléfonos y yo estaba cumpliendo con mi palabra, pero siempre encendía alguna luz furtiva y yo volvía a mi posición contra natura, de espaldas al respetable y leyendo mis partituras en un atril iluminado”.

Hasta que finalmente pude ofrecerme (de frente) a la audiencia y terminar el concierto con normalidad a pesar de que en una de las últimas canciones sufrimos un inconveniente con el sonido del escenario que pudo solucionarse en cinco minutos”.

Salta es la capital del folclor y del paisaje (también de la buena empanada) y hubiera preferido no desviarme de mi función principal que es cantar y dar un espectáculo (según lo previsto) aliado de sobriedad y contenidos musicales interesantes”.

“A tenor de la respuesta del público local logramos nuestras nobles metas de ser escuchados en un ambiente de teatro y sin interferencias… Quizás estamos plantando una semilla y quizás sea inevitable la selva de fotografías furtivas”.

“Encuentro algo agresivo a la “foto robada y desesperada” y normalmente soy una persona amable que puede ser retratado aunque tampoco tengo ya esa clase de vanidad por perpetuar mi aspecto en un teléfono ajeno. Gracias por venir”, concluyó Calamaro sobre éste insólito episodio en Salta.