Entonces tornamos la mirada a nuestra patria y pensamos en las fallidas candidaturas de Borges al Premio Nobel…y, de pronto, observamos que la Argentina obtuvo, además de un emblemático Premio Nobel por la Paz (Pérez Esquivel)…varios Nobeles en ciencias.
Menudo dato, pareciera que el discurso de la ciencia y sus secretos les va bien a los argentinos, que sus físicos, químicos y biólogos se destacan en el mundo (¡gracias Universidad Argentina!). Todos sabemos que la Argentina aportó cerebros a los ámbitos científicos del mundo y eso es de un valor imponderable. Tal vez, no nos hemos percatado lo suficiente del hondo significado de esta situación.
¿Qué misteriosa tendencia hay el los argentinos que poseen las aptitudes para hollar los territorios de las ecuaciones, fórmulas, experimentos y laboratorios? Extraña paradoja, dada muestro particular apasionamiento y posiciones a menudo imprudentes e irreflexivas que han poblado nuestra historia de no pocos enfrentamientos y fracasos. Sin embargo, la lógica científica parece funcionar bien en muchas mentes y, en especial, en las de los jóvenes que abrazan las carreras científicas.
Por eso es necesario incentivar el estudio de las ciencias fácticas y formales en las escuelas (junto a las humanidades) y extraer de la rica cantera de las mentes juveniles el elixir que, ya se ha demostrado, poseemos los argentinos para destacarnos en aquello que dirigirá el poder del mundo, su supervivencia o su destrucción: lo científico.
- Liliana Bellone
Escritora.
