LILIANA BELLONE

"Augustus", 20 años de un premio

José Acho

Lunes 17 de junio de 2013  

“Después de escribir la novela “Augustus” me reconcilié con mi entorno familiar y con la sociedad salteña”, dijo a Calchaquimix la escritora Liliana Bellone, sobre su notable novela con el que logró hace 20 años el prestigiado premio Latinoamericano “Casa de las Américas” en La Habana, Cuba (1993). La historia sobre la asfixiante vida en una provincia, la escribió en 1984 y dio vueltas varios años buscando editarla, inclusive fue presentada en algún concurso regional donde no ganó ningún premio, hasta que aconsejada por una profesora, la envió a participar al renombrado certamen cubano.

La salteña Liliana Bellone
premio "Casa de las Américas"

Finalmente el 5 de febrero de 1993, un jurado compuesto por Antonio Elio Bralovsky (Argentina); Roberto Burgos Canto (Colombia); Marcio Velóz Maggiolo (República Dominicana) y Mirta Yáñez (Cuba), la consagró a la escritora y poeta salteña con el premio único e indivisible, anhelado por cualquier escritor de Latinoamérica, ya que por su proyección tiene una repercusión a nivel nacional e internacional.

Bellone tiene aun el diario cubano “Granma” de esa fecha con su nombre anunciando en tapa el premio a la escritora argentina. Desde ese momento la salteña tiene el honor de figurar entre otros grandes escritores premiados. Algunos luego fueron también jurados como: Eduardo Galeano, David Viñas, Eduardo Rosezvaig, Rique Dalton, Ezequiel Martínez Estrada, Noé Jitrik, Ernesto Cardenal, Tejada Gómez, Ricardo Piglia. Héctor Tizón (mención). Este premio literario creado en el año 35 años de la Revolución Cubana, tuvo alguna vez como jurados también a Cortazar, García Márquez, Leopoldo Marechal, Alejo Carpentier, Augusto Roa Bastos, Fernandez Retamar, entre otros.

La novela “Augustus” se desarrolla en gran parte en Campo Santo, nombre casi simbólico, de ambientes cerrados que evocan a veces lo siniestro y lo tanático. Su temática de alguna manera recuerda a la novela “Jardín” de la escritora cubana Dulce María Loynaz y también su historia algunos le encuentran un cierto paralelo con la película “La Ciénaga” de Lucrecia Martel. ¿Quizás la realizadora haya leído su obra?

Respecto a esa analogía con las historias que filma Martel, más allá de que ella haya leído el libro o no, Bellone opina que “ocurre que la realidad se impone tanto que condiciona ciertas miradas, en este caso semejantes, surgidas desde la óptica femenina y que hacen hincapié en la asfixia provinciana, los prejuicios y el encierro familiar, en el estancamiento que aparece en la novela en la figura del estanque y en el filme en la piscina con agua donde nadie se sumerge pues está en mal estado”.

Pasaron 20 años que obtuvo el premio y casi 30 años desde que lo empezó a escribir, y Bellone siente que pasa como algo extraño. “Es como que está siempre. Es como que una obra está viva. La gente te pregunta, por qué tus personajes, por qué el lugar… Es como un pequeño ser, como hijo que crece, que nos acompaña durante toda la vida”, explica.

“Los escritores decimos que “Casa de las Américas” es una casa siempre recibe a los amigos, escritores que trabajan por las Américas, por la lengua española e indígenas, un poco cobijados bajo las alas de Alejo Carpentier, Fernando Retamar, José Martí… Yo creo que es un polo cultural muy importante de nuestro continente. También un punto de encuentro de los escritores latinoamericanos que no solo miran a Buenos Aires o las grandes capitales cosmopolitas, sino miran un poco más a Latinoamerica”.

A la distancia este premio se evalúa distinto. El hecho que una historia de una familia de Campo Santo puede haber cautivado al jurado que le dio el premio le hace sentir a Bellone, que nuestras historias, nuestra idiosincrasia, no es diferente o particular a la de cualquier ciudadano de la Patria Grande.

“Yo creo que ha habido alguna empatía, además de las cualidades literarias, porque el tema de los ingenios azucareros, de la caña de azúcar, de nuestra cultura especialmente Campo Santo donde está ambientada esta novela, es muy fuerte y hay una conexión con esa sociedad cubana, caribeña, y también poblaciones enteras que se han formado en torno a los ingenios azucareros, con una historia de luces y sombras”.

“Porque está lo bello de estos paisajes junto a la música; pero está también la contratara de la explotación, de la esclavitud en los ingenios, de la gran cantidad de negros. Acá también se da esa contratara. Es decir, es muy fuerte la relación con toda la zona del Caribe, del Brasil. Aunque todo eso no era muy consciente en mi, también estaba en mi la veta Europea y mi sangre italiana”, rememoró.

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Liliana Bellone

Sobre esa relación ahonda: “Uno construye de manera consciente pero hay una cadena de sentimientos que aflora que son fantasmales que uno no los controla. Esas inmigrantes italianas inmersas en campo santo, en medio del calor, de las siestas, del agobio, de lo indígena, de lo criollo, era mi infancia. Yo había vivido todas esas experiencias, además mis padres y abuelos me habían contado historias. Todo eso va surgiendo de una manera consciente y a veces no tan consciente. Uno va descubriendo después con la lectura de la gente, la escritura todos estos elementos que han ido construyendo la novela”.

- ¿A partir del premio sentís que cambio tu mirada sobre nuestro Sur?

- La novela argentina o la literatura argentina sobre todo aquella que se generó en los ’80, un poco siempre miró Europa. Y bueno… en mi novela está presente también eso, porque soy argentina y los argentinos somos así. De algún modo, tenemos una fuerte influencia de la inmigración, pero por otro lado inmersos en el Noroeste, tenemos otras vivencias que no son las del porteño. Entonces eso me permitió conectarme más con Latinoamérica”.

- Qué porcentaje de la novela está su biografía?

- No es mi biografía del todo. Hay elementos de mi familia un poco mixturado, a veces deformado, trasmutado, pero siempre en un ambiente familiar. Fue como exorcizar los fantasmas familiares que me rondaban.

- ¿A la distancia de todo esas vivencias que cambió en su interior?

- Después de escribir el libro me reconcilié, no solo con lo que fue mi entorno familiar, sino me reconcilié con la sociedad salteña porque en algún momento de nuestra juventud uno se sintió oprimido, asfixiado; incluso por la educación rígida, el estudio en un colegio de monjas… Todo eso uno lo siente como opresivo. Luego uno lo asimila y esos fantasmas empiezan a caminar, a tomar forma, y bueno, uno camina mejor la vida”.

- ¿La publicación este año de su quinta novela inédita podría ser una forma de celebrar los 20 años del premio?

- Sí, ojalá. Sería muy propicio. Ya la tengo terminada. Se llama “Puccini” y narra la historia del hermano menor de Giaccomo que vivió un par de años en Jujuy. Vino muy joven a Jujuy, con un poco más de 20 años. Como la historia de los hermanos Campassi, esto son los hermanos Puccini. Uno es el que triunfa, el famoso y el rico, el otro es el olvidado, el oscuro, el que sufre que muere de una manera inesperada, violenta. Son las dos caras del espejo. Ya terminada restaría una buena publicación, una buena edición. Si todo va bien a lo mejor a fin de año la pueda editar y quizás la pueda presentar en diciembre justo para celebrar los 20 años de la primera edición de "Augustus".

  • José Acho, periodista
    info@calchaquimix.com.ar
  • Fotos gentileza Isidoro Zang