"El Matrero"

Amalgama de clasicismo criollo

Pablo Alejandro Sulic

Lunes 24 de octubre de 2011  

Para quien desconozca algunos estudios sobre historia de la opera argentina le puede causar sorpresa enterarse que hay más de 100 títulos, la mayoría completamente desconocidos. Felipe Boero fue un pionero en utilizar libretos en castellano.

  • “El matrero”, opera en tres actos de Felipe Boero, libreto de Yamandú Rodríguez y escenografía de Carlos Palacios. Orquesta Sinfónica de Salta dirigida por el maestro invitado Fernando Alvarez, Ballet Folclórico de la Provincia, dirigido por Roberto Lazo Giménez y Estudio Coral Arsis dirigido por Myriam Dagun. Cantantes solitas Mauro Espósito, Alicia Cecotti y Gabriel Centeno. Viernes 21 de octubre de 2011. Teatro Provincial de Salta.

La opera intenta transmitir de manera sencilla el espíritu de la música académica argentina en un lenguaje que raya el posromanticismo rescatando la ideal de cultura rural. El entramado sonoro literario utiliza la poesía gauchesca fusionada con melodías, algunas inspiradas otras no tanto, estilizaciones de danzas nativas, como la media caña y el uso de giros folclóricos nacionales.

Centrándonos en el espectáculo en sí podemos rescatar las escenas de conjunto con el coro que dirige la profesora Myriam Dagum, cuyo desempeño fue profesional, comprometido y afinado. Las danzas folclóricas son excesivamente previsibles y no aportan nada en absoluto al argumento.

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El Matrero opera gauchezca.

A medida que avanza el drama la acción se va concentrando con exclusividad en los protagonistas principales. La orquesta respondió cuando se le exigió aunque se nota la falta de mayores ensayos y algunos errores de coordinación, mientras que la música no tiene mayores complicaciones. Interesante fue el color impresionista francés por ejemplo en el inicio del segundo acto y el lirismo en los solistas con reminiscencia de la escuela italiana de finales del siglo XIX.

Repasemos algunos puntos de la obra: la escena colorida de los paisanos y el malambo seguida por la media caña. El relato de don Liborio que tiene evocaciones del verismo italiano. El atardecer, en el segundo acto que es un breve preludio orquestal, imitando las maderas el canto de los pájaros, quizás de las páginas más elocuentes de la orquesta. Los dúos que le siguen tienen cadencias nacionalistas.

Ya en el tercer acto la orquesta toma un tinte impresionista describiendo el atardecer, con oboe, arpa y celesta. Destacamos aquí la página de expansivo vocalismo de la protagonista femenina Portezuela que retrata la imagen de su amado idealizado, en una escena de profundo dramatismo. La voz de Cecotti tuvo fraseo, vibración y resonancia aunque en algunos cambios de registro se la notó especialmente áspera y rugosa, y un tanto forzada. A los protagonistas masculinos se los notó excesivamente estáticos y con posturas poco creíbles teatralmente, mientras destacamos la potencia y firmeza de sus voces, calidez y sonoridad.

Por otro lado la escenografía tuvo reflejos tradicionales en sus formas, sin pretender innovar y la iluminación tuvo momentos en que desdibujó rostros y escenas. El maestro Franze destacó en su momento la estrecha fusión entre texto y música de la opera, en un lenguaje musical directo y sin artificios, aristas o transiciones forzadas, logrando una amalgama de clasicismo criollo. Dejando de lado la importancia de la ópera nacional no deja de ser inquietante que teniendo tantos maravillosos títulos dentro del repertorio operístico universal solo se haya elegido un número para la presente temporada. Hay coros dispuestos, hay orquesta, director y solistas para hacer una temporada de ópera al nivel de La Scala de San Telmo o el teatro Avenida de Buenos Aires. Los amantes de la opera queremos escuchar también a las Traviatas, Toscas, Bohemes y Buterflys.

  • Magister Pablo Alejandro Sulic.